Salir de la zona de confort: ¿lo mejor que puedes hacer, eres un rebelde o simplemente estás loco?

 

Los que me conocéis o sabéis de qué va este blog, sabéis ya cuál es la respuesta a esta pregunta. Así que, “spoilers alert”, no lo voy a dejar para el final.

Salir de la zona de confort es lo mejor que puedes hacer. Punto.

Lo habréis leído en miles de otros artículos, habréis visto vídeos en Youtube, etc. Uno de mis favoritos es este:

https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

Sin embargo, aquí seguimos, hablando del tema. Salir de la zona de confort no es fácil, porque la palabra misma lo dice, la zona es muy cómoda. Es como cuando estás acurrucadito en el sofá y sabes que deberías levantarte y hacer algo con tu vida, pero se está tan bien, … venga, va, solo un capítulo más de Game of Thrones… y acabas despertándote a las 2 de la mañana con tortícolis, así que te arrastras a la cama, para cambiar de postura por lo menos. No hay que avergonzarse, todos lo hemos hecho alguna vez (o más de una, o muchas de hecho, yo he perdido la cuenta).

Ahí estoy, ante esa línea imaginaria que separa lo conocido y lo desconocido. Paralizada. Esa voz interior me dice que cruzar la línea es lo correcto, que qué es lo peor que me puede pasar si no lo hago, que no hay nada que temer. Sin embargo, me asaltan las dudas, que siempre se acompañan de su amigo el miedo y me bombardean el cerebro:

¿Eres un rebelde?

¿Por qué no puedes hacer como todo el mundo?

¿Qué más quieres en esta vida? Tienes un buen trabajo, buenos amigos, familia que te quiere. ¿De qué te quejas? Podrías haber nacido en cualquier país del tercer mundo y haber tenido una vida bien distinta. Mientras escribo esto oigo la voz de mi madre…

Asúmelo, deja de luchar con esa voz interior. Tienen razón, eres un rebelde. Salir de la zona de confort es un acto de rebeldía no solo contra lo que nos rodea, sino principalmente contra nosotros mismos. El instinto de conservación y supervivencia está muy presente en nosotros y salir de la zona de confort dispara todas las alarmas en nuestro cuerpo.

Eres diferente y eso en sí mismo no es malo. Recientemente, leí  en “My Grandmother Sends Her Regards and Apologises” de Fredrik Backman:

“Only different people change the world. No one normal has ever changed a crapping thing.”

O lo que es lo mismo: “Solo la gente diferente cambia el mundo. Nadie normal ha cambiado nunca una mierda”. Conciso, concreto y aunque el lenguaje no sea el mejor, sobre todo teniendo en cuenta que en el libro era una abuela quien le decía esto a su nieta de 7 años, a mí me pareció bastante motivador.

¿Estás loco?

Esta pregunta se suele acompañar por el ¿qué dirán?, ¿y si fallo?, o todo junto ¿qué dirán si fallo?

Así que, ¿estás loco? Sí. No lo estoy poniendo fácil, ¿verdad? Pero como Alicia en el País de las Maravillas le respondería al Sombrerero Loco cuando éste le pregunta si se ha vuelto loco:

“Temo que sí… Estás completamente loco. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.”

El secreto es dejar de atormentarse por ello. Mi familia piensa que estoy loca, muchos de mis amigos también y yo misma me lo planteo, hasta el punto de pensar si a lo mejor me lo debería hacer mirar en algún momento.

La familia, para mí es el talón de Aquiles en mis actos de rebeldía y locura. Hija única y con una estrecha relación con ellos, el qué pensarán y cuánto les hará sufrir mis decisiones es lo que más me pesa.

Los amigos, siempre me han apoyado y aunque no todos estén de acuerdo con mis decisiones, me respetan. Me dan su sincera opinión, que valoro muchísimo y tengo en cuenta tanto si es a mi favor como si es en contra. Si tus amigos se ríen de ti sin darte ninguna crítica constructiva, no eres tú el que te tienes que mirar tu grado de locura, pero sí deberías revisar bien tu lista de lo que se consideran amigos.

Lo que piense el resto del mundo, siempre me ha importado bien poco. Porque dentro de 200 años, yo y los que me conocieron estarán muertos y nadie recordará mi nombre. Suena duro, pero es cierto. A veces hay que coger un poco de perspectiva para no tomarse la vida tan en serio.

Salir de la zona de confort, ¿salto al vacío?

Sábado noche, hace unos cuántos años, en ese momento en que pasas de salir todos los fines de semana hasta las 5 de la mañana a preferir quedarte en casa jugando al Party con tus amigos. Mi amigo Juan formula una pregunta del juego: “María va subiendo las escaleras de un bloque de viviendas. De repente oye gritos procedentes de una de las casas. Se acerca y ve la puerta entreabierta. ¿Qué haría María?

a) Seguir su camino como si nada, en cosas privadas mejor no meterse

b) Llamar a la policía y esperar a cierta distancia

c) Entrar de golpe, dispuesta a enfrentarse a quien sea.”

Mis amigos al unísono respondieron “¡C! María, entraría de golpe, ¡por supuesto!”. La respuesta me dejó un poco helada. Contenta porque mis amigos me conocen a la perfección y en efecto, esa hubiera sido también mi respuesta, pero helada porque no tardaron ni un milisegundo en contestar. Es una opción valiente, pero también bastante temeraria o inconsciente. Ahora, con unos cuantos años más y con los teléfonos móviles más a mano que en mis años mozos, a lo mejor mientras entro a la casa, voy a la vez llamando a la policía…

De todas formas, este ejemplo es un buen reflejo de mi personalidad. Creo que soy valiente pero en ciertos aspectos podría interpretarse como algo temeraria o inconsciente.

Trabajo (o trabajaba) en Finanzas. Típico perfil de amante de la rutina, el orden y la minimización del riesgo. Salir de la zona de confort me da pánico, para cosas tan simples como ir a un sitio nuevo por primera vez, llamar por teléfono a alguien que no conozco, pedir cuarto y mitad de jamón de york en el súper…

Sin embargo, para tomar decisiones que pueden suponer un cambio radical en mi vida, soy mucho más resuelta. Puede parecer que tengo una gran facilidad para liarme la manta a la cabeza, o que no mido las consecuencias. Algo de locura y rebeldía va en los ingredientes de la receta como hemos discutido, pero nunca tomo decisiones totalmente irracionales. ¿Salto al vacío? No, hay que prepararse, coger la licencia de piloto y montarte en el avión con las instrucciones de cómo funciona bien claras, porque este avión, que es tu vida, sólo lo pilotas tú.

Mi experiencia

 

En mi caso, 3 situaciones extremas en las que decidí salir de la zona de confort, han marcado mi vida y me han llevado a donde estoy hoy.

Reino Unido

La primera, en 2007 cuando tenía 26 años. Como veis mis actos de rebeldía y locura no empezaron demasiado pronto en mi vida. ¡Nunca es tarde para empezar!

Por aquel entonces trabajaba como Contable en Madrid SnowZone, la pista de nieve cubierta del centro comercial Xanadú. Un año antes ya había estado a punto de dejarlo todo e irme 6 meses a estudiar inglés a Bristol. Sin embargo, conseguí una promoción interna del departamento de ventas (donde yo no me veía como comercial) a Finanzas. Bristol se quedó por el camino, pero mi interés por viajar al extranjero y aprender inglés siguió intacto.

Al verano siguiente, utilicé mis 2 semanas de vacaciones para aprender la aventura. No pudieron ser 6 meses, pero fueron 2 semanas muy bien aprovechadas, esta vez en Brighton.

Recuerdo lo asustada que estaba. Era mi primera vez viajando sola a un país extranjero en el que además no hablaban mi idioma. Llegué al aeropuerto de Gatwick con mi maleta de 20 Kg para 2 semanas (cómo he mejorado con el tema maletas desde entonces…). El taxista me estaba esperando. Lo tenía todo super organizado, bastantes nervios llevaba yo ya como para lidiar con imprevistos. Me monté en el taxi (no sin antes darle la vuelta entera porque me iba a subir por el lado del conductor) y empecé mi charla con el taxista. La conversación más larga que había tenido en inglés en mi vida. A medio camino el taxista me dijo: “Ah, ¡pero tú vienes más de vacaciones que a estudiar porque tu inglés es muy bueno ya!”. ¡Fue un subidón de moral! Desde aquel momento, me dije, María, tú puedes hacer esto. Todo va a salir bien.

Luego cuando llegué a la residencia y me vi allí sola, se me olvidó todo y me eché a llorar. ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué teniendo solo 2 semanas de vacaciones has decidido pasarlas sufriendo aquí donde hay playa pero hace frío, donde no conoces a nadie, donde además tendrás que estudiar?

Sin embargo, al día siguiente empezaron las clases de inglés, empecé a conocer gente de todo el mundo, empecé a salir con ellos y explorar la ciudad (y los pub). Cuando te encuentras rodeada de gente que ha ido con el mismo propósito que tú, que está igual de sola que tú y que quiere hacer las mismas cosas que tú, es muy fácil hacer amigos. Amigos súper variopintos, que en circunstancias normales no os hubierais conocido ni aun viviendo en el mismo edificio, pero eso es lo grande de viajar, es lo que abre la mente y el corazón.

Tuve uno de los mejores veranos de mi vida hasta entonces. Volví a Madrid triste por irme tan pronto, pero súper contenta conmigo misma. Volví con mucho mejor inglés y con lo que después se convirtió en una relación a distancia por más de 4 años. En invierno, me saqué el First Certificate in English de la Universidad de Cambridge. La relación a distancia acabó con los años como el rosario de la aurora, pero como dicen unas veces se gana y otras se aprende. En este caso, aunque en el momento de la separación no me lo pareció, ahora sé que con ello no solo aprendí sino que también gané.

Países Bajos

A principios de 2012, pensé que tenía la vida encarrilada. Un trabajo estable en Sega como Accountant & Controller Manager, una relación estable, ¡Incluso me había comprado un piso en Fuenlabrada! Todo iba más o menos como mandaba el guión. De repente, todo se fue al garete y es que unas veces eres tú la que sale de tu zona de confort y otras veces te empujan. Mi relación se rompió al querer avanzar y pedir cierto grado de compromiso. La empresa anunció que cerraba la filial en España y todos los empleados fuimos despedidos. El proceso duró varios meses y la comunicación entre la empresa y los empleados fue muy buena. Como mi jefa estaba embarazada y necesitaban a alguien que se quedara más tiempo para cerrar todos los flecos financieros sueltos, me propusieron quedarme 3 meses más.

Durante ese período empecé a buscar un nuevo trabajo. No de forma muy activa porque mi objetivo principal era dejar las cosas bien cerradas y luego tenía pensado cogerme unas merecidas vacaciones. Sin embargo, gracias al ex Director de Ventas de la compañía, conseguí una entrevista en Nikon en Ámsterdam, donde él tenía un contacto. Jamás me había planteado vivir en Holanda, de hecho, ni conocía Ámsterdam. Sin embargo, ¡no tenía nada que perder! Y el hecho de vivir en el extranjero siempre me había llamado la atención.

Para la primera entrevista en Ámsterdam, me llevé conmigo a mi amiga Yolanda y me fui el fin de semana de antes para conocer la ciudad un poco. A mi amiga le encantó la ciudad desde el primer momento. Yo, por el contrario, me encontraba en estado de shock. “No me veo viviendo aquí, no me veo viviendo aquí…”: era lo único que no paraba de repetir. Salir de la zona de confort no es fácil… Hasta que una mañana fuimos a Vondelpark (uno de los pulmones de la ciudad) e hicimos un improvisado picnic sentadas en el césped, no me relajé. “Aquí sí, esto es otra cosa”.

Los días pasaron y llegó el momento de cerrar la empresa. Literalmente fui la última persona en abandonar la oficina. El último día recogí mis cosas, cerré la puerta con llave y eché la llave al buzón. Mis amigos me esperaban para cenar para “celebrar” que me acababa de incorporar a la larga lista de desempleados del país. La celebración no duró mucho porque apenas llegué a casa de mi amiga, mi padre me llamó por teléfono para decirme que se habían producido lluvias torrenciales en Almería y se nos había inundado la casa que mis padres tienen allí y donde pasan la mayor parte del verano.

En vez de irme de vacaciones al Caribe, me fui a quitar barro a Almería. Allí estaba, pala en mano, con un mono de trabajo de mi padre, cuando me llamaron por teléfono. Era la Directora de Recursos Humanos de Nikon. Me dijo la frase típica de: “¿Te pillo en buen momento?”. A lo que sinceramente le contesté: “La verdad es que no, pero no va a mejorar en un futuro próximo…” Me ofrecieron un puesto de un año como Financial Controller para cubrir una baja de maternidad. A los pocos días, tuve que dejar a mis padres en el barro literalmente y empezar la locura de mudarme a otro país.

Fui 3 días a Ámsterdam en busca y captura de un apartamento. Ahí conocí a Maribel, el contacto de mi ex Director de Ventas, gracias a la cual había conseguido el trabajo. Maribel fue como una aparición divina. Me llevó a cenar, me aconsejó con los pisos… yo no daba crédito de que en este mundo pudiera haber una persona tan buena y desinteresada como ella.

A principios de Noviembre, llegué a Ámsterdam con 2 maletas, muchos sueños, muchos nervios y deseando empezar la aventura. Maribel fue de gran ayuda desde el principio e hizo que instalarme y adaptarme fuera mucho más fácil. Cuando te mudas a un país o una ciudad nueva, tienes que cambiar el chip. No sabes dónde está el supermercado, no sabes ni dónde se recicla el plástico, no sabes cómo ir de A a B… Todo lleva más tiempo del que estás acostumbrado. Tardé más de una semana en encontrar una fregona, pero cuando lo hice, ¡me supuso una alegría enorme! La felicidad a veces está en las pequeñas cosas.

Asia

A Holanda me fui por un año, pero al final me quedé más de 4. Vivir fuera engancha y la situación económica de España, no ha mejorado lo suficiente como para querer volver.

Vivir fuera es un reto constante. Con el tiempo, te adaptas a tu nuevo país, creas nuevas rutinas, haces amigos, ya sabes dónde comprar fregonas… Todo se hace más fácil. Sin embargo, hay cosas que el tiempo solo empeora: estás lejos de tu familia, estás lejos de tus amigos de toda la vida, … Tus padres se hacen mayores y ves cómo te echan de menos y cómo los echas de menos tú también. Intentas seguir en contacto con tus amigos, pero no es lo mismo, ellos siguen sus vidas como tú sigues la tuya y se casan y tienen hijos y los ves crecer por las fotos que te mandan a Whatsapp. Es duro. En mi caso, además, nunca llegué a adaptarme del todo. Después de 4 años sigo sin hablar holandés. En 4 años me mudé 4 veces de casa, lo que no proporciona mucha estabilidad y pese a que adoro la ciudad, nunca tuve claro que quisiera quedarme a vivir allí para siempre.

Ese desarraigo o sentimiento de no pertenencia a ninguna parte, es probablemente una de las causas por las que ahora mismo estoy en Asia.

Trabajé muy duro esos 4 años, sin apenas vacaciones. Durante ese tiempo, lidié con estratosféricos niveles de estrés. Superar lo de mi ex, me llevó bastante tiempo, recuperar la autoestima un poco más. Trabajé mucho en mí misma, pedí ayuda a mis amigos (cosa que odio profundamente, en parte por lo cabezota que soy) y finalmente recuperé mi estabilidad mental.

Una vez que me sentí fuerte, empecé a analizar qué otras cosas de mi vida debía de cambiar para ser feliz. Cambiar de trabajo, pese a los excelentes compañeros que tenía, lo bien valorada que estaba dentro de la empresa y lo que me gustaba mi trabajo en general, fue lo primero que apareció en mi lista.

Después estaba la ciudad, Ámsterdam es maravillosa, pero seguía sin sentir que encajara completamente allí.

El tercer aspecto fue que sabía que yo también tenía que cambiar. Cambiar de trabajo solamente no iba a solucionar nada si no cambiaba yo también.

Vivir fuera ya lo tenía tachado de mi lista. Viajar, no tanto. Cuando te vas a vivir fuera crees que vas a viajar mucho más, pero con vacaciones limitadas y morriña, gran parte de ellas las pasas visitando familia y amigos (sin rencor).

Tras pensarlo mucho y planificarlo aún más, me decidí a dar el paso. Dejé mi trabajo, dejé el piso de alquiler, empaqueté todas mis cosas y me las llevé a España y me vine a Asia.

Soy relativamente joven, no tengo cargas familiares, siempre había querido viajar y explorar diferentes países no solo por las 2 típicas semanas de vacaciones. Quería explorar, desconectar, relajarme, aprender nuevas cosas y culturas. ¿Salto al vacío? Puede parecerlo, pero lo medité mucho. Tenía el dinero y tenía las ganas, ¿qué es lo peor que me podría pasar? Me hice las mismas preguntas que al principio de este post: ¿estás loca? ¿eres una rebelde? Y cuando acepté que sí y que aun así quería hacerlo, me quedé más tranquila y me decidí.

Este ha sido el camino que yo he elegido, el tuyo puede ser diferente.

Salir de la zona de confort, un proceso continuo.

Salir de la zona de confort no debe ser tratado como algo puntual. Debe ser parte de tu forma de vida. Primero, porque cuando sales de la zona de confort es cuando las cosas buenas suceden: creces, evolucionas, eres más feliz, te equivocas, aprendes, … resumiendo vives plena y conscientemente. Segundo, porque cuanto más sales de la zona de confort, más fácil es seguir saliendo. Si lo haces sólo esporádicamente, el miedo a salir estará más presente. Salir de la zona de confort es como ir al gimnasio todos los días. Si no mantienes la rutina, dejarás de ir, pero si vas de forma continuada, te sentirás mejor contigo mismo y llevarás una vida más saludable.

¿Cómo salir de la zona de confort? 

1. Analiza qué no te gusta de tu vida. Empieza por cambiar lo que no funciona.

2. Piensa qué es lo que podría ir mejor. No hace falta sufrir una crisis existencial para mejorar.

3. Considera qué es lo que te gustaría hacer en la vida, ponte metas. Si tu vida va por un camino diferente al que te gustaría, estás a tiempo de realizar los cambios necesarios.

4. Encuentra tu pasión: practica ese deporte que dejaste cuando niño, ve a cantar al coro de la Iglesia, aprende un nuevo idioma, da clases de cómo tocar la bandurria… Lo que te apetezca. Haz algo sólo por el hecho de que te gusta hacerlo, no sólo porque es bueno para tu curriculum o porque es lo que todo el mundo hace.

5. Modifica pequeñas cosas: cambia de ruta o de transporte para ir al trabajo, habla con un desconocido en la parada del metro, compra otra marca de yogures en el supermercado, lee un libro que no sea de tu estilo, canta con las ventanillas del coche bajadas…

La vida está llena de oportunidades de cambio. A mí me ha dado por viajar, lo que puede parecer valiente y atrevido. Sin embargo, observo a aquellas de mis amigas que han decidido convertirse en mamás y me digo, ¡eso sí que es ser valiente y atrevido y salir de la zona de confort! Tener una personita que es tu total responsabilidad, no más hacer lo que te dé la gana sin tener que rendir cuentas con nadie, no llegar tarde de trabajar y simplemente despanzurrarte en el sofá… Todos mis más sinceros respetos y total admiración.

Recuerda, no hay camino malo, mientras seas tú el que lo hayas elegido de forma honesta contigo mismo.

Por tanto, ¿tú también estás loco? ¿Eres un rebelde? ¿Sigues teniendo dudas? Cuéntame tu experiencia…