Guarda un minuto de silencio

Estás en la oficina, en modo multitarea, de un punto a otro de tu lista de qué hacer hoy, mañana, esta semana, este mes, en los próximos tres años… Mientras, te asaltan los e-mails, te secuestran tu bandeja de entrada y se ríen de tu fantástica lista de to-do’s que tan felizmente hiciste el día anterior antes de irte a la oficina (para tener tu día estructurado, bien organizado y sin sobresaltos), “¡ja!”.

Abres tu calendario de Outlook y ves todas las reuniones que tienes hoy, una detrás de otra. Te preguntas cuándo vas a poder hacer lo importante de tu lista, más lo urgente de tu e-mail.

Para bien o para mal, no te da tiempo de pensarlo mucho porque con un poco de suerte alguien te llama por teléfono o te manda un mensaje por Skype o cual sea el Messenger de la empresa.

Tu cabeza es un torbellino, donde todas estas cosas intentan abrirse paso a codazos para llegar al primer puesto de tu atención. Para añadir más ingredientes a este súper cóctel, hay más vida además de la oficina: intentas acordarte si cerraste la ventana de tu cuarto antes de salir de casa o si cerraste las puertas del coche (en mi caso era más, el candado de la bici)… Acuérdate también que Facebook te ha dicho esta mañana que es el cumpleaños de tu amigo del instituto y que le tienes que mandar un mensaje. ¿Has llamado a tu madre? Ayer se hizo tarde en la oficina y no la pudiste llamar.

¿Te resulta familiar la historia?

Era uno de esos días, como cualquier otro, con una reunión detrás de otra, donde la primera se alarga algo más de la cuenta y ya te están esperando en la segunda, en otra sala de reuniones, al otro lado de la oficina. Mi vejiga no entiende de reuniones y después de 2 horas de reunión, un té con leche y medio litro de agua, me dice que aunque el Papa esté esperando en la reunión, primero tengo que pasar por el baño. Voy al baño a toda prisa y con ese sentimiento de culpa, por lo tarde que es y por ser humana y tener que ir al baño, salgo disparada y subo las escaleras de la oficina corriendo. Unas escaleras monísimas, de madera, abiertas a toda la oficina. Ya llego, ya llego, ya casi estoy, ¡plof! Me caí, por supuesto (porque si fuera una historia de éxito tampoco tendría gracia contarla aquí). Media oficina se levantó de su sitio, para ver si las escaleras se habían cobrado su primera víctima mortal y para echarme una mano. Yo estaba bien, solo una espinilla magullada. Rápidamente intenté levantarme, recogiendo los pedazos rotos de mi dignidad. Saludé a la afición, como si fuera la reina de Inglaterra, mientras subía el resto de escalera y decía “estoy bien, estoy bien…”

Realmente, ¿estaba bien? Resumiendo, tenía el corazón a mil por minuto, la espinilla magullada, la cabeza en diez mil cosas: la escalera, la caída, la reunión,… Los asistentes a la reunión me miran con cara de preocupación. Pienso, ¿me miran para ver si estoy bien o es que tengo el pelo a lo afro después del movimiento brusco? ¿La blusa sigue en su sitio o estoy enseñando una teta? Chequeo rápido y disimulado. Todo en su sitio, bien. Mi jefe me pregunta: “¿estás bien?” Le digo que sí, pero yo diría que no. Caerme por las escaleras fue la puntilla a toda la situación pero sin tener que llegar a esos extremos, ¿afrontamos cada reunión o nueva tarea con el estado mental apropiado? ¿Estamos al 100% donde tenemos que estar o nuestra cabeza está todavía en lo que ya pasó o en lo que está por pasar?

¿Qué hacer para romper este patrón?

Guarda un minuto de silencio

Entre tarea y tarea, entre reunión y reunión, entre tarea y reunión, etc. Guarda un minuto de silencio.

La técnica es muy sencilla:

  •  Fija tu mirada en un punto (o cierra los ojos, si puedes hacerlo sin que en tu oficina piensen que te estás echando la siesta).
  • Respira prestando atención a tu tripa y como se hincha al inspirar y como se desinfla al expirar. Respira normalmente, no lo fuerces, no trates de alargar la respiración ni tomes más aire del que inhalarías normalmente.
  • No hace falta que lo cronometres, ni que te pongas una alarma en el móvil. Solo respira unas cuantas veces.
  • En este minuto no hay nada más que tengas que hacer, ni ningún sitio mejor donde puedas estar. No tienes que hacer nada salvo ser tú mismo.

¿Para qué sirve esto?

En un principio te puede sonar muy esotérico, muy rollo budista… “A esta chica le gustaba el yoga, ¿verdad? Se le ha ido la pinza: si mi problema es que no tengo tiempo, ¿cómo voy a perder más tiempo no haciendo nada?”

Cierto, me gusta el yoga.

Cierto, lo que te propongo es el starter kit de una técnica básica de meditación.

Sin embargo, no es una pérdida de tiempo. Todo lo contrario, es una forma de optimizar tu tiempo reduciendo tu nivel de estrés.

Imagina que vas a pasar la noche a un hotel. Abres la puerta de tu habitación, sueltas la maleta, miras a tu alrededor y en lugar suaves sábanas blancas de algodón egipcio, te encuentras unas sábanas amarillentas con sospechosas manchas y algún que otro pelo. ¿Serías capaz de descansar esa noche?

Lo mismo pasa en tu cabeza entre tarea y tarea. Si quieres tener una buena valoración en TripAdvisor, entre huésped y huésped, cambia las sábanas. ¿Cuántas veces relees un e-mail que ya has mandado cuando ya estás con otra cosa? ¿Cuántas veces miras el móvil estando en una reunión? ¿Cuántas veces tu cabeza se va a ese otro proyecto al que le tienes que dedicar más tiempo? En resumidas cuentas, ¿cuánto tiempo pierdes pensando en el pasado o en el futuro, en vez de estar en el momento presente, en tu reunión, en tu tarea de ahora?

Si estás algo más convencido, sigue leyendo para ver algunos ejemplos de cómo puedes implementar esto en tu oficina.

Cómo llevar el silencio a la oficina en una reunión

Si en tu empresa son abiertos de miras y crees que no te van a tomar por loco si lo propones, háblalo abiertamente y propón el experimento.

Yo descubrí el poder del silencio en mi curso de profesora de yoga. El profesor de filosofía nos esperaba en silencio a que todos llegáramos y nos sentáramos. Ahí llegábamos unos hablando con otros, otros mirando el móvil, otros en silencio pero la cabeza a saber dónde… El primer día nos dijo: “antes de empezar la clase, vamos a guardar un minuto de silencio”. Ahí vi empezar la magia: las conversaciones cesan, los móviles se dejan a un lado, los ánimos se aplacan… Y en un momento ahí estamos todos donde tenemos que estar, en clase de filosofía.

Instintivamente, cuando lideramos una reunión hacemos algo parecido. Guardamos silencio hasta que vemos que todo el mundo ha llegado y para hacer callar a los asistentes y empezar decimos algo como: ¿Estamos todos? ¿Empezamos? Ahora en lugar de empezar directamente, explícales el nuevo método de empezar una reunión. Pídeles que no miren el correo electrónico o el móvil.

Si tienes una presentación en PowerPoint (o lo que sea que vayas a presentar), haz que tu primera página proyectada sea totalmente en blanco. No el título de la presentación, o la fecha… Nada. Es fascinante lo que la mente puede hacer con poco. Habría gente que se pondría a pensar: ¿Está utilizando el nuevo template de la empresa o todavía el antiguo? ¿Por qué ha puesto el título en cursiva y azul marino? ¿Estamos a día 20 ya? Madre mía, pronto cierre de mes otra vez… Pónselo fácil, sobre todo al principio, con la práctica dará igual que haya un elefante rosa en la sala para que seáis capaces de hacerlo. Otra opción es no proyectar nada hasta que hayáis terminado el ejercicio, pero luego te arriesgas a tener que perder 5 minutos luchando con las tecnologías, el proyector, el tamaño de la pantalla, etc. Y perder el momentum del ambiente que acababas de generar con el minuto de silencio, por añadido.

¿Crees que no puedes hablarlo abiertamente en la oficina sin que te tomen por loco, por bruja e intenten quemarte en la hoguera? No hay necesidad de arder, todavía hay algunos trucos que puedes implementar:

  • Mantén la primera página de tu presentación en blanco, no expliques por qué, la mayoría no le dará ninguna importancia.
  • Pide que durante la reunión dejen a un lado teléfonos móviles y cualquier otro material no concerniente a la reunión, por respeto no solo a ti que presentas, sino al resto de integrantes de la reunión.
  • Guarda silencio, instintivamente los demás te seguirán. Sí hay alguien despistado míralo fijamente hasta que capte tu atención y guarde silencio también.
  • Probablemente, no puedas alargarlo un minuto entero, pero no importa, lo importante es que no empieces la reunión en un entorno de agitación.
  • Si todavía esto te parece complicado de implementar, no te preocupes. La intención no es cambiar el mundo, sino ayudarnos a nosotros mismos primero. Antes de una reunión, normalmente vamos unos minutos antes a preparar todo: que funcione el proyector, la pantalla, la presentación, el entorno, nuestro sitio, donde nos vamos a sentar o si vamos a presentar de pie… Añade un minuto de silencio a esta rutina. Cuando todo el mundo llegue, lo importante es que tú estés bien independientemente del estado en el que vengan los demás.

Cómo llevar el silencio a tu cabeza estando en la oficina

Si no eres el que lidera la reunión pero solo un asistente, guarda este minuto de silencio en tu sitio o ve al lugar de la reunión algo antes de que empiece y guarda silencio allí.

Hay otras formas de desconectar entre tarea y tarea que todos conocemos, ir a tomar un café, la hora de la comida, ir al baño, para algunos salir a fumar… El minuto de silencio es solo una forma más, incluso compatible mientras hacemos estas otras pausas.

Si estamos en nuestro sitio, la forma más fácil de conseguir este minuto de silencio, sobre todo al principio, es cerrando los ojos. Sin embargo, entiendo las dificultades que esto puede acarrear. No sólo para mantenernos despiertos si es temprano en la mañana, pero estéticamente si nos ven nuestros compañeros o nuestro jefe. ¿Qué podemos hacer entonces? Abre un e-mail en blanco y fija tu mirada en él (si alguien te ve pensará que estás concentrado pensando en qué escribir). Puedes fijar tu mirada en una página en blanco de tu cuaderno de notas, puedes mirar por la ventana si tienes suerte de tener una cerca, o simplemente en cualquier objeto en frente tuyo que no se mueva.

Si el ambiente es demasiado bullicioso a tu alrededor, simplemente ve al baño o a algún otro lugar tranquilo de la oficina y guarda silencio allí. No lo podrás hacer muy frecuentemente a lo largo del día, pero elige las tareas que son más diferentes entre sí o los momentos en los que te encuentres más estresado.

Guardar un minuto de silencio es una técnica muy sencilla que sin embargo, proporciona cambios muy rápidos en los niveles de estrés y el grado de concentración.

No desesperes ni abandones si mientras estás intentando guardar silencio, vienen pensamientos a tu mente. Es normal, cuando ocurra solo intenta volver a prestar atención a tu respiración. Al principio te costará más, pero con la práctica se hará más sencillo.

Los ejemplos propuestos son en el entorno de la oficina, pero puedes aplicarlo a cualquier otro momento de tu día o en cualquier otra profesión.

Haz la prueba y cuéntame tu experiencia,¿qué puedes perder? Sólo un minuto y mucho que ganar.