Feliz en el trabajo: realidad o utopía. 15 Consejos para ser más feliz.

Unas macetas siempre alegran

¿Se puede ser realmente feliz en el trabajo? Se terminó Agosto y para muchos supone “la vuelta al cole”. Vuelta a la dura realidad. Se acabaron el despertar sin que suene la alarma del móvil, los atardeceres en la playa, los mojitos en una terraza…

Feliz en la playa
Feliz en la playa

Para muchos volver a la rutina diaria puede ser un castigo mortal, para otros no tanto. A lo mejor no has podido todavía disfrutar de vacaciones siquiera. Sea cual sea tu caso, la realidad es que ser feliz en el trabajo para muchos es una utopía.

Muchos piensan que el trabajo no puede ser divertido, sino ¡no se le llamaría trabajo! Trabajamos porque hay que pagar las facturas. Vamos, pasamos el tiempo lo mejor que podemos, mirando el reloj de la pantalla cada 5 minutos, deseando que llegue la hora y nos podamos levantar de la silla y salir de ese lugar para poder empezar con nuestras vidas.

No estoy de acuerdo. Ser feliz en el trabajo debe ser una realidad, uno de nuestros objetivos en la vida. Pasamos al menos 8 horas diarias trabajando, más el tiempo en el desplazamiento, más la hora del almuerzo. Eso es mucho tiempo al día para estar infeliz.

Tampoco quiero pintar el ir a trabajar como un cuento de hadas. No se puede ser feliz en el trabajo siempre. Del mismo modo, no puedes estar feliz todo el tiempo en general. La felicidad es un estado de ánimo y como todo en esta vida, es pasajero. La felicidad no es eterna pero podemos trabajar en ella como en este otro post escribí. ¿Qué hacer para ser más feliz en el trabajo? Aquí tienes algunos consejos:

1. Si no te gusta tu trabajo, déjalo.

Este puede ser el consejo más radical, pero por ello quiero ponerlo al principio. Hay muchas pequeñas cosas que pueden mejorar nuestra felicidad en el trabajo, pero si eres realmente infeliz, si no te gusta lo que haces, si estás en un ambiente destructivo, si no encajas con tus compañeros, con tu jefe, con la visión de la empresa, simplemente puede ser que no sea tu sitio.

Esto no significa que lo dejes todo de repente. Aunque si tienes los recursos económicos suficientes, no lo descartes. Tu salud mental y física valen más que unas cuantas nóminas. El simple hecho de aceptar que vas a dejar tu trabajo y empezar la búsqueda de uno nuevo, te dará una gran felicidad. Eso sí, sé serio en el proceso. Dedica un tiempo cada día a la búsqueda activa de empleo. Buscar trabajo es un trabajo en sí mismo. Probablemente lo último que te apetezca después de un mal día en el trabajo es ponerte a buscar otro, aunque suene contradictorio.

Actualiza tu currículum, ponte en contacto con headhunters, busca empleos cada día, … Si salir de donde estás es tu meta, nadie salvo tú puede sacarte de ahí.

Si no sale a la primera, ¡sigue intentándolo! No te rindas, hay luz al final del túnel.

¡Lo dejo!
¡Lo dejo!

2. Descansa

Intenta dormir 8 horas diarias. Esto puede sonar tan utópico como ser feliz en el trabajo, pero debemos hacer que sea una prioridad.

Si no descansas ni duermes lo suficiente, estarás agotado, aumentará tu nivel de estrés, tendrás más dificultades para concentrarte en tus tareas, te hará más lento a la hora de realizarlas y en general, estarás de peor humor. Es la receta perfecta para no ser feliz.

Si no puedes hacerlo todos los días entre semana, hazlo al menos un día. Los miércoles no veas ninguna serie en Netflix y vete a dormir. De igual forma que tienes unos días reservados para ir al gimnasio o quedar con alguien, reserva un día para dormir.

A dormir!
A dormir!

Es difícil conseguirlo, pero por experiencia propia te digo que merece la pena. En un momento de mi carrera trabajaba tantas horas y mi trabajo estaba tan lejos que literalmente me quedaba poco tiempo para hacer nada más, ni siquiera dormir. Acababa destrozada los viernes y me pasaba el fin de semana durmiendo para compensar y descansar. No hace falta decir que no era muy feliz. Merece la pena dormir un poco más entre semana y disfrutar más de tu fin de semana haciendo algo más que dormir. Lo que me lleva al siguiente punto:

3. Pon límites

Di “NO”. Este es uno de los puntos que personalmente me resultan más difícil de ejecutar. Si dices No a algo te sientes culpable, incluso egoísta. Todo te parece importante y necesario y quieres ayudar a los demás y a tu empresa. Ahora bien, ¿te estás ayudando a ti mismo? Si tu plato está ya lo suficientemente lleno, no lo reboses sólo por tu miedo a defraudar. Acabar estresado, con un burn-out, quemado o hasta el punto de querer dejar la empresa, no ayuda a nadie, ni a tu empresa, ni a tus compañeros y sobre todo a ti mismo.

Un punto de vista que me ayuda a decir No es la siguiente frase de Carson Tate:

Remember, every time you say Yes to one thing, you are saying No to something else. (Recuerda, cada vez que dices Sí a algo, estás diciendo No a otra cosa)

El tiempo es limitado, no podemos decir Sí a todo. Acabaremos no haciendo otras cosas en nuestro trabajo que realmente son importantes para nosotros o alargando nuestra jornada laboral, por lo que estaremos diciendo No a pasar tiempo con nuestra familia o amigos, a hacer deporte o a dormir esas 8 horas diarias.

Just say No
Just say No

4. Prepárate y habla con tu superior

Si no eres feliz en el trabajo, hay muchas cosas que estarán en tu mano para poder cambiarlas, para otras necesitarás la aprobación de tu jefe. Pídele una reunión “1 to 1” pero antes prepárate bien:

  • Haz una lista con tus tareas
  • Al lado de ellas añade 3 columnas:
    • Importancia (Alta, media, baja),
    • Tiempo que requiere realizarla (mucho, medio, poco)
    • Preferencia (si te gusta mucho, medio o poco)
  • Lo que tenga poca importancia, te lleve mucho tiempo y además no te guste tiene que desaparecer de tu lista de tareas

Esto te ayudará a aclarar tus ideas e ir más preparado a la reunión. El llevarlo por escrito (mi preferencia siempre es en Excel por deformación profesional) te ayudará no sólo a la hora de revisarlo con tu jefe, sino que también le puede ayudar a tu jefe como base para que tu propuesta se apruebe si él tiene que presentarlo ante Recursos Humanos o ante su jefe.

Aprovecha para hablar no sólo de las tareas que te hacen infeliz y para establecer prioridades sino también de otras cosas que te ayudarían a ser más feliz en el trabajo, como la posibilidad de trabajar algún día desde casa, o salir antes los miércoles para poder llevar a tu hijo al entrenamiento de fútbol, o cambiar la orientación de tu mesa para tener más luz natural… A lo mejor no consigues todos tus puntos, pero el No ya lo tienes si no lo intentas.

Reúnete con tu jefe
Reúnete con tu jefe

5. Haz algo interesante antes de ir a trabajar

Si no duermes tus 8 horas diarias y como yo no eres de los que les gusta madrugar, este puede ser un punto complicado. Yo solía poner el despertador en el teléfono y luego darle a posponer o snooze unas cuantas veces antes de poder realmente levantarme. Acababa arreglándome corriendo y corriendo ir a trabajar. Llegaba a la oficina ya estresada. Desayunaba en la oficina, pero mientras miraba e-mails o era interrumpida por compañeros que necesitaban algo. Esto no ayuda a ser feliz en el trabajo.

Pon el despertador y levántate cuando suene (bueno, un snooze es válido, pero sólo uno). Dedica el tiempo necesario para no tener que estar estresado desde primera hora de la mañana.

Intenta hacer algo interesante antes de ir a trabajar: desayuna en casa mientras ves o lees las noticias, sal a correr, medita, practica yoga o algún otro deporte que te guste o simplemente sal algo antes de lo normal de casa para dar un pequeño paseo antes de encaminarte a la oficina en coche o en transporte público.

Esto te ayudará de la siguiente forma:

  • Por la noche te sentirás mejor con la idea de levantarte por la mañana no para ir directamente a trabajar sino para hacer algo que te gusta. Te ayudará a ver que haces más cosas en tu vida aparte de trabajar.
  • Al sonar el despertador serás capaz de apagarlo realmente al tener una motivación
  • Llegarás al trabajo más feliz y relajado, lo que ayudará a que tu día siga en ese estado de ánimo

6. Toma descansos

Pero intenta que no sean para fumar. Estamos intentando ser más feliz en el trabajo, pero no a costa de la salud.

Estira las piernas, pasea por la oficina para tomar un café o un té o ir a por agua. Puede parecer poco productivo, pero tomarse un minuto hace mano de santo, reduce nuestro estrés, nos aclara las ideas y en definitiva nos hace más felices.

Coffee break
Coffee break

7. No comas en tu mesa

Relacionado con el punto anterior, nunca comas en tu mesa (o hazlo lo menos posible). Nuestra mente necesita desconectar y es bueno cambiar de ambiente y socializar con los compañeros

8. Aléjate de cotilleos y gente negativa

¿Socializar con todos tus compañeros? Si eres afortunado, a lo mejor sí puedes, pero en toda empresa como en cualquier sitio en esta vida, habrá gente de la que es mejor no rodearse. Aléjate de cotilleos, sólo envenenan el ambiente. Lo más difícil, ignora los cotilleos que sean sobre ti. Para ello hay 2 frases que siempre me ayudan:

Lo que piensen los demás de ti, no es asunto tuyo.

No le puedes gustar a todo el mundo, no eres una croqueta

Aléjate de gente negativa. Todos hemos tenido alguna vez a ese compañero que se queja por todo, que todo le parece mal, que parece que odia la empresa y que hace que te preguntes por qué no busca otro empleo y se va. Son lo que llamamos un agujero negro. Si tú eres feliz en el trabajo, o dejes que te contagie su negatividad.

Cotilleo
Cotilleo

9. Ten un mejor amigo en el trabajo

La vida simplemente es mejor cuando estamos rodeados de amigos. Ser más feliz en el trabajo es fácil si tienes a alguien en quien confiar, para hablar (no cotillear), para compartir tareas, para tomarte ese café…

Tú y tu mejor amiga
Tú y tu mejor amiga

10. Haz deporte

Como mencioné antes, hazlo antes de ir a trabajar (si no te cuesta mucho madrugar), aprovecha la hora de la comida si tienes suficiente tiempo o hazlo después de trabajar. Hacer deporte genera estamina, lo que nos hace más felices y ese efecto hormonal lo podemos arrastrar hasta el trabajo.

También te dará una sensación de logro y eliminará la sensación de que solo vives para trabajar.

11. Aprovecha el tiempo de transporte

Si viajas en transporte público aprovecha ese tiempo para hacer algo que te guste como leer, escuchar música o para aprender algo nuevo: un idioma con Duolingo, ve un video de TED, escucha podcasts, … Abandona Facebook e Instagram por un rato.

Si conduces estarás más limitado pero siempre puedes cantar o simplemente escuchar tu música favorita. Yo era de los que cantaba a todo pulmón en medio del atasco. Se me hacía mucho más llevadero.

Con la bicicleta en Ámsterdam era más complicado hacer algo más aparte de pedalear. Si eres un afortunado como yo y puedes ir en bici al trabajo, aprovecha para hacer algo de meditación. No me refiero al Om ni a cerrar los ojos mientras conduces, sino a vivir el presente. No pienses en la reunión que tienes a las 9 sino aprovecha para mirar a tu alrededor, disfrutar del paisaje, del aire que respiras, fíjate en ti mismo y en la forma que pedaleas, izquierda, derecha… Llegarás mucho más relajado al trabajo.

12. Haz que tu entorno sea agradable

A lo mejor no tienes el mejor sitio de la empresa, ni estás cerca de una ventana pero si no puedes cambiar tu sitio y tener luz natural, al menos puedes hacer algunas cosas para que sea más agradable:

  • Mantén tu sitio ordenado: intenta que tu mesa no esté llena de papeles, carpetas y demás. Antes de irte cada día, recoge y ordena para que al día siguiente no te tengas que enfrentar a una selva sin machete antes de poder siquiera sentarte.

    Desorden = infelicidad
    Desorden = infelicidad
  • Ten fotos o recuerdos de algún sitio que te rememoren momentos felices
  • Ten una planta: lo ideal sería que tu empresa tuviera algunas plantas alrededor. Si no es el caso, consulta si puedes llevar una propia.

    Unas macetas siempre alegran
    Unas macetas siempre alegran

13. Aprende algo nuevo

Una de las razones por las que no te sientas feliz en el trabajo, puede ser porque te encuentres estancado. Como seres humanos, para ser felices, necesitamos estar rodeados de un ambiente de crecimiento.

Nunca dejes de aprender cosas que te ayuden a evolucionar profesionalmente. Aprender en sí proporciona felicidad si a ello le añadimos el tener un propósito, será la receta perfecta para ser feliz en el trabajo.

14. Ten un plan de carrera

Ten un plan de carrera, dentro de tu empresa o fuera de ella. Piensa en lo que quieres hacer y dónde quieres estar en 1, 2 o 5 años. Muchas cosas pueden pasar por el camino y siempre puedes cambiar de opinión, pero el tener una meta, ayuda a ser más felices.

Una vez que lo tengas claro, discútelo con tu superior. Si él no sabe dónde quieres estar ni cuáles son tus motivaciones, no esperes que te lea la mente y te ofrezca el ascenso que estabas esperando. A lo mejor te imagina en un entorno totalmente diferente que no es lo que tú quieres para ti.

15. Sonríe

Es uno de mis 10 Mandamientos. La mayoría de las veces el ser o no felices está en nuestras propias manos, en nuestra actitud. No seas el compañero negativo que comentábamos antes.

Sonríe y es mucho más probable que te sonrían de vuelta.

Llega a la oficina con una sonrisa e intenta que no se te estropee durante el día.

¡Sé muy feliz en el trabajo! Espero que estos consejos te ayuden. ¿Tienes algún otro consejo? ¡Escríbelo en los comentarios!

Sonrisa
Sonrisa

Cumpleaños Feliz

14 de Julio de 2017, ¡es mi cumpleaños! También es Fiesta Nacional en Francia conmemorando la Revolución Francesa y la Toma de la Bastilla en 1789. Esto unido a que mi nombre completo es María Antonia, siempre le hizo mucha gracia a mi profesor de francés en el instituto. A menudo me preguntaba si mis padres lo habían hecho a propósito. No tenemos ningún antepasado francés (que sepamos), por lo que, obviamente, esa no fue la razón. Afortunadamente para mí, porque hubiera sido un poco macabro que me pusieran el nombre de una reina a la que guillotinaron años más tarde tras la revolución.

Toma de la Bastilla (Francia 1789)

Uno de mis sueños es celebrar alguna vez mi cumpleaños en París. ¡Eso si que sería una macro fiesta y lo demás son tonterías! ¡Con fuegos artificiales y todo! Que la gente no estuviera celebrando mi cumpleaños sino la liberación del yugo monárquico es un detalle sin importancia.

París no ha podido ser esta vez. No me voy a quejar tampoco, porque celebrarlo de viaje por Asia, tampoco está nada mal.

Este año cumplo 36 años. No es un número muy especial, no acaba en 5 o en 0. Lo único que puede tener de especial es que:

  • es divisible por 2
  • el resultado sería 18: podría entonces decir que, ¿soy doblemente mayor de edad? Si enseño el carné de identidad en un bar, ¿me darán doble consumición o me echarán por vieja?

De todas formas, quería hacerlo especial porque:

  1. Es la primera vez que tengo un blog para poder mencionarlo.
  2. Estoy lejos de familia y amigos, a los que echo de menos cada día, pero en estas ocasiones señaladas más si cabe.

Un poco de historia (mi historia, no la de María Antonieta) …

Estoy un poco nostálgica, he de admitir. Dejé Ámsterdam en Febrero y no ver a la familia ni los amigos desde entonces, va haciendo mella, pese a que estoy disfrutando muchísimo de la experiencia de viajar. Por suerte o por desgracia, habiendo nacido en Julio, estoy acostumbrada a tener cumpleaños atípicos.

Cuando era una niña, la mayoría de mis amigos estaban de vacaciones por esas fechas. Muchas veces era yo la que estaba fuera. Recuerdo que en el colegio, los niños llevaban chucherías por su cumpleaños. Al menos una vez, mi madre hizo que celebráramos mi santo, para que yo también pudiera llevar golosinas al colegio.

Uno de mis primeros recuerdos, sino el primero, es estar jugando sola en el hall de un hospital. De repente, apareció mi madre, que estaba cuidando de mi abuelo allí. Venía con cara triste. Me regaló el cuento del pastorcillo mentiroso. Ese día cumplía 3 años. Supongo que mi madre a parte de estar obviamente, muy preocupada por mi abuelo, no pensaba que el hall de un hospital en Córdoba fuera el mejor sitio para celebrar mi tercer cumpleaños. Sin embargo, yo estaba la mar de contenta y con mi cuento más. Si recuerdo ese día, es porque a mi corta edad, ajena al concepto de la muerte y pensando que un hospital es un sitio como cualquier otro (con esa idea de la vida que solo los niños tienen y que de adultos nos afanamos en recuperar), no entendí la cara de mi madre.

mi primer año

Desde entonces, han pasado los más variopintos cumpleaños, en la playa, en el pueblo (con la mejor tarta helada del mundo mundial de la heladería La Jijonenca, sus helados de vainilla o “mantecao” son legendarios), en Madrid, en Holanda, con familia, con amigos, en la oficina, esquiando (sí, esquiando en verano, en Madrid SnowZone), pero normalmente más en piscinas, en barco por los canales de Ámsterdam, en casa jugando con amigos a la Wii, con cenas sorpresa preparadas por los amigos cuando una se encabezona estúpidamente en no celebrarlo,…

Cookies
Cookies – Galletas hechas por mí

La importancia del cumpleaños

“Año Nuevo, vida nueva”

Así dice el dicho. La cultura popular le da importancia al cambio de año, lo dota de un aire místico, en el que los cambios suceden. ¿Cuántas veces hemos dicho “estoy deseando que se acabe este año” o, “este año ha sido estupendo, espero que el siguiente sea al menos igual”?

Para los amantes de la astrología, este cambio de energías no solo sucede con cada año nuevo, sino también en la fecha del cumpleaños de cada uno. Es como una segunda oportunidad para enderezar el año sino has empezado con buen pie. Lo siento para los nacidos en Enero, a los que les da poco margen. A mí, que he nacido casi a mitad de año, este concepto me viene muy bien.

Así como en Año Nuevo, la proximidad de nuestro cumpleaños se llena, normalmente, de nuevos propósitos, como dejar de fumar, perder peso, aprender un nuevo idioma, etc. Yo no soy mucho de hacer listas de propósitos y menos en fechas específicas porque pienso que están predestinadas al más absoluto fracaso, sobre todo si tienes más de uno y los intentas atacar todos de golpe.

Por otra parte, este año que tengo tiempo para pensar y como he dicho antes, un blog para poder mencionarlo, he hecho un poco de análisis sobre lo vivido hasta ahora.

Muffins cumpleañeras

Mis 10 Mandamientos

Como sabéis, hace poco leí The Happiness Project (Objetivo: Felicidad). Otra de las tareas que recomienda Gretchen Rubin en su libro, es escribir tu propia Tabla de Mandamientos, o dicho de otra manera, los principios por los que riges tu vida. Desde entonces, he estado pensando sobre ello y que mejor momento, que en mi cumpleaños para ponerlos por escrito:

  1. Sonríe siempre

    Sonreír no cuesta dinero, me hace sentir bien y hace sentir bien a los demás. Soy de los que piensan que se cazan más moscas con miel y la vida es muy corta para ir siempre serio.

    Sonrisa
  2. Si algo no pasa, es que no tenía que pasar

    A menudo nos encabezonamos en conseguir alguna cosa (o a alguien) y por mucho que lo intentemos, es como darse de cabezazos contra un muro. Déjalo estar, no era para ti. Esto lo he aprendido a base de cabezazos contra muros y aún me doy bastantes (soy súper cabezota, nunca mejor dicho). Todavía pienso que hay que intentarlo un limitado número de veces, hasta que siento que he hecho todo lo posible, pero una vez que alcanzo ese sentimiento de haber dado lo mejor de mí para conseguirlo, me siento bien con dejarlo ir.

  3. Confía en tu intuición

    Si algo te da mala espina, huye. Si, por el contrario, te parece lo correcto, a por ello.

    Cuando no le he hecho caso, acogiéndome a la lógica o a la razón, normalmente he acabado arrepintiéndome.

    Hoy va a ser un buen día
  4. Ten cuidado con lo que sueñas porque puede convertirse en realidad

    Nunca sabes todas las consecuencias que acarrean tus deseos.

    Vivir fuera, trabajar fuera, viajar… No me arrepiento de mis sueños, pero los tengo con cuidado y respeto. Antes de soñar, mide un poco los pros y los contras, pero cuando te decidas a soñar, ¡sueña a lo grande!

  5. Quiérete a ti misma

    No seas dura contigo misma.

    No te juzgues.

    No te analices.

    Este es uno de los puntos que más me cuesta. La meditación ayuda. Un día mientras meditaba, me encontré mentalmente chillándome a mí misma “¡para de analizar!” (cosa que en verdad estaba haciendo repetidamente) y en ese momento yo misma también me dije “¿por qué te gritas?” Fue un antes y un después en mi vida.

    En parte, es deformación profesional, soy analista financiero, me ganaba la vida con ello. Aunque llega un punto en que no sé si me analizo porque es parte de mi profesión o si he llegado a esta profesión porque soy una especialista en analizarme desde pequeña. Es un caso de qué fue lo primero, la gallina o el huevo, pero en este caso, creo que probablemente vengo así de fábrica.

    Happy Balloons
  6. Al final todo va a acabar bien, y si no acaba bien es que aún no es el final

    Esta frase se la he robado a la película El Exótico Hotel Marigold. La vi en un momento de mi vida en el que la frase me venía al pelo. Me llenó de ánimo y desde entonces, la llevo como mandamiento.

  7. La realidad supera a la ficción

    Soy especialista en montarme películas en mi cabeza dignas de un Óscar. Sin embargo, de todas las cosas que he podido imaginar que me pudieran pasar en la vida, la realidad siempre ha sido mejor (o si no, hay que aplicar el mandamiento anterior).

  8. Trabaja duro

    Nada viene caído del cielo. Si por suerte, alguna vez cae algo, mejor que te pille trabajando.

  9. Mídete contra tus propios estándares, no te compares con los demás.

    Cada uno es como es, ni mejor, ni peor. Si te tienes que medir contra algo que sea contigo mismo, contra tu moral y tus principios e intenta siempre mejorar.

    Globos de cumpleaños
  10. No odies

    El odio solo envenena tu alma y no te trae nada bueno.

    Quiere a los que te quieren y a los que no te quieran también, pero lejos (tampoco hace falta rodearse de gente tóxica)

Con este punto… A todos y cada uno de vosotros que habéis compartido conmigo, no sólo estos cumpleaños sino muchos otros momentos durante estos años y los que estén por venir, muchas gracias. Os quiero.

15 Razones por las que practicar Yoga

El 21 de Junio se celebró el Día Internacional del Yoga. El 11 de Diciembre de 2014, las Naciones Unidas declararon el día del solsticio de verano en el hemisferio norte, el día con más horas de sol del año, como el indicado para celebrar esta práctica milenaria originaria de la India.

El tema de la celebración de 2017 (la tercera edición) fue “Yoga para la Salud”. Así que aquí tenéis ya una razón para empezar a practicar yoga y no porque lo yo lo diga. Lo dicen las Naciones Unidas con los 175 países que co-patrocinan este día. *

Este año, al día siguiente, mi amigo Juan me preguntó si había hecho algo especial durante el Día Internacional del Yoga. Desafortunadamente, no había hecho nada especial, pero me hizo mucha ilusión que un no-practicante de yoga hubiera siquiera, oído hablar del tema. Yoga está creciendo en popularidad, de eso podemos estar seguros. Los beneficios de este deporte o forma de vida son muchos, pese a los escépticos que piensan que solo vamos a dormir la siesta (el Savasana del final que es como se llama a esta pose o “Asana”) o los que piensan que hay que ser súper flexible para practicarlo, o que es solo para mujeres.

Os voy a contar mis razones. Yo empecé a hacer yoga, principalmente, por 2. La primera, reducir el estrés y la segunda porque me encanta lo fluido de sus movimientos. Desde los 10 hasta los 18 años practiqué karate. Me encantaba practicar kata (secuencias específicas de movimientos, golpes, patadas, bloqueos, …). Me encantaba la técnica, pero odiaba la práctica de los combates (nunca me ha gustado intentar pegar a nadie y tampoco que me vengan a pegar). Al empezar la universidad, dejé el karate, porque no podía dedicarle el tiempo necesario. Después de terminar la universidad, empecé a buscar ese deporte que me enganchara tanto como lo hizo el karate para estar 8 años practicándolo. Fui a gimnasios. las máquinas me aburrían tremendamente, las clases colectivas eran más divertidas, pero tampoco me acababan de enganchar, hasta que descubrí el yoga. Cumplía con mis 2 requisitos principales, pero a medida que lo fui practicando descubrí también otros:

  1. Reducir el estrés
    Entro al estudio de mi profesora, coloco la esterilla de yoga, los bloques y los demás bártulos necesarios para la clase. Me siento con las piernas cruzadas. Comenzamos. La profesora pide que cerremos los ojos y mientras nos guía por una sencilla meditación, dice las palabras mágicas: “en este momento, no hay otro sitio donde tengas que estar, ni hay otra cosa que tengas que hacer, salvo ser”.1 hora u hora y media, donde no existen otros compromisos, no hay fechas límites, ni lista de tareas, no hay niños llorando, ni compañeros insoportables, ni cualquiera de las otras cosas que te molestan o estresan durante el día. Es un momento para dedicártelo exclusivamente a ti.

    ¡Y esto no ha hecho nada más que comenzar! Al principio, poder contar con esta hora y media sin estrés era ya un lujo. Cuando aprendes a extrapolar lo que obtienes en tu clase de yoga a tu día a día, es un cambio de vida.

    Yoga mat – esterilla

     

  2. Mejora física
    El yoga mejora la flexibilidad, cierto, pero no requiere ser muy flexible para empezar a practicarlo. Yo no soy muy flexible y ¡soy incluso profesora! Lo bueno del yoga es que los asanas (la palabra técnica para cada pose) se pueden adaptar para cualquier forma física.Sin embargo, no solo mejora la flexibilidad, también mejora la fuerza física y la estabilidad. Y es que pese a la fama de que el yoga es un deporte solo para mujeres con mayas apretadas y la flexibilidad de un contorsionista de circo, la verdad es que el yoga fue diseñado por hombres y para hombres en la India. La cultura occidental, hace que típicamente, las mujeres seamos más flexibles, pero tengamos más problemas con desarrollar nuestra fuerza, principalmente en la parte superior. Los hombres occidentales, por otra parte, no tienen tantos problemas con esta parte, pero sí con la flexibilidad. La práctica de yoga hace que se armonice todo para ambos sexos.
  3. Mejora la autoestima
    Empecé a practicar yoga en serio, cuando tenía ya treinta y tantos. Con esa edad, esperaba poder mejorar mi forma física pero no pensé que fuera capaz de hacer cosas que no era capaz de hacer cuando tenía 16 años. No es de la noche a la mañana, es una mejora constante, pero ¡da un subidón de moral ese día cuando te alcanzas los dedos de los pies en una pose donde solo llegabas a la espinilla meses antes!Cuando reduces tu estrés, es decir, estás mejor mentalmente y mejoras tu forma física, el siguiente paso natural, es sentirte mejor contigo misma y que tu autoestima mejore.

    Gran parte del yoga, consiste en la aceptación. Aceptarse como uno es, entender que uno es perfecto tal y como es y que no hay que cambiar nada. Aceptar que un día hemos llegado hasta los dedos de los pies, pero que la semana siguiente, puede que no nos encontremos igual de bien y no lleguemos. No pasa nada, así es la vida.

  4. Abre la mente
    El yoga es una mezcla de cuerpo y mente. En Occidente, hay una tendencia en centrarse solo en la parte física, pero no hace falta convertirse al hinduismo o al budismo para beneficiarnos de los efectos positivos que tiene el yoga para nuestro estado mental.Al principio cuesta, es un shock cultural importante. La primera vez que fui al estudio de mi profesora en Ámsterdam, salí en shock y no segura de querer volver. Estaba acostumbrada a recitar “OM” pero no a que nada más llegar, nos sentáramos con las piernas cruzadas, nos dieran un libro lleno de mantras y que la profesora dijera: “tenemos la costumbre de que si hay alguien nuevo en clase, esa persona elige el mantra que cantamos hoy” y ahí que te pones a elegir algo sobre lo que no tienes ni idea y a cantar con tu libro transcrito del sánscrito sin saber qué significa. Le dimos otra oportunidad y ahora me encanta cantar mantras.

    No solo está el cantar, está el aprender sobre Ganesha, sobre Shiva, sobre las enseñanzas de Buda, etc. Voy a seguir siendo católica a mi manera, pero, ¿qué de malo tiene aprender sobre lo que casi la otra mitad de la población cree? El aprender sobre lo desconocido, elimina el miedo, nos acerca unos a otros, elimina las diferencias.

  5. Enseña a vivir el momento, estar presente
    Este es uno de los mayores problemas del ser humano: nuestra mente es experta en perderse en el pasado (analizarlo todo, qué hicimos mal, qué hubiera pasado si, el todo tiempo pasado fue mejor, …) o divagar sobre el futuro (hacer listas mentales de cosas que tenemos que hacer, montarnos películas dignas de recibir un Óscar, imaginar conversaciones que tenemos pendientes con gente, …). En la vida hacemos de todo salvo vivir el momento presente que es lo único que realmente existe. Recrearnos en cosas que pasaron o que están por pasar, solo llevan a generarnos estrés y frustración, ya que ni el pasado ni el futuro están bajo nuestro control.Con la práctica de yoga, aprendemos a volver al presente. Con los asanas, mi mente está tan ocupada pensando en cómo colocar el codo izquierdo sobre la rodilla derecha mientras miro hacia atrás sin partirme el cuello, que no me da tiempo a pensar en nada más. Con los ejercicios de respiración (pranayamas) y la meditación aprendes no solo a vivir el presente mientras los practicas durante tus sesiones de yoga, sino a llevarlo a la práctica en tu día a día.
  6. No hay competición
    Esta es una de mis razones favoritas. No soy una persona competitiva. No me gusta nada competir. Es más, no tiene ningún interés para mí. No me importa si alguien corre más rápido que yo, si me adelantan con la bici por las calles de Ámsterdam… ¡mejor para ellos! En Yoga, nadie es mejor que nadie, no importa que la persona de al lado haga el pino de forma perfecta y tú no, de la misma forma que no importa que tú aguantes haciendo el árbol y esa misma persona se tenga que apoyar en la pared. A Yoga no se va a competir con nadie, a yoga se va a trabajar en uno mismo.
  7. El yoga fluye: movimientos fluidos de bajo impacto
    En yoga trabajas sobre una secuencia de movimientos sin excesivas repeticiones que tienen una lógica de por qué haces uno detrás de otro, generando armonía. Es como un baile. Bailar es divertido, hacer 50 abdominales, después 100 sentadillas, estar 20 minutos en la elíptica, etc. para mí no lo es tanto (pero para gustos los colores, no pretendo que dejéis de hacer sentadillas).El yoga además presta especial atención a las articulaciones. Todas las poses tienen poco impacto sobre ellas (si son practicadas correctamente).
  8. Me hace feliz
    En la parte física, hay momentos en los que estoy en clase y pienso por qué me torturo de esta manera. Cuando acaba la clase, se me olvida, me queda solo la satisfacción de haber trabajado duro y me siento mejor física y mentalmente. Probablemente sean las endorfinas, como tras haber practicado cualquier otro deporte, qué más da, ¡qué vivan las endorfinas y qué duren mucho tiempo!En mi día a día, ha mejorado mi calidad de vida, reduciendo mi estrés, proporcionándome herramientas para controlarlo, enseñándome a vivir el presente.

    Por último, simplemente me gusta, sin buscarle ningún motivo. En la vida también tenemos que hacer cosas sin motivo, sólo por el simple hecho de que nos gustan.

    Happy socks on yoga mat

     

  9. Supera tus límites
    No importa la edad que tengas ni el estado de forma física en el que te encuentres inicialmente, practicando yoga, mejorarás. La práctica de yoga mejora tu forma física pero casi más importante, elimina esas barreras mentales que nosotros mismos nos hemos impuesto. Por ejemplo, en el colegio y en el instituto me daba un miedo atroz hacer el pino. Recuerdo intentarlo una y otra vez en mi cuarto antes de cada examen de educación física. En algún punto lo conseguí, pero el miedo siguió allí. Ahora, tras bastante práctica también, puedo hacer algunas poses felizmente, incluso las disfruto. En otras todavía sigo con ese miedo irracional, pero sé que es irracional y lo superaré.
  10. Calma la mente
    Si aprendes a vivir en el momento presente, tu cabeza se relaja y no hay sitio para los arrepentimientos, las cosas que no has hecho todavía, pero tenías que hacer, lo que hiciste y ahora crees que no debías haber hecho, etc. Te enseña a lidiar con las cosas de una a una, sin juzgarte ni analizarte por el camino.
  11. Ayuda a dormir mejor
    Cómo has visto en las razones anteriores, el Yoga es un súper combo mente-cuerpo. Tener los 2 en un buen estado, son requisitos necesarios para obtener un buen descanso. Si practicas yoga, no contarás más ovejas, salvo que seas pastor.
  12. Mejora la salud
    Los expertos dicen que alivia dolores de espalda, rodillas, cuello, articulaciones…, reduce la presión sanguínea, el colesterol, … Por experiencia propia solo puedo hablar de los dolores de espalda, pero ahí lo dejo, ya que lo dicen las Naciones Unidas entre otros.
  13. Mejora la postura
    En este punto también soy una experta. Muchos de mis dolores de espalda vienen originados simplemente por la forma en la que me quedo de pie y no hablemos ya de cómo me siento. Pasando 12 horas en la oficina, empezaba muy bien sentada y recta y acababa repanchingada o alargando el cuello cual jirafa hacia la pantalla, a ver si así, lo que tenía delante empezaba a cobrar algún sentido. Para que os hagáis una idea, mi jefe me decía que parecía un signo de interrogación.Practicando yoga te enseñan a mejorar tu postura y también a conocer mejor cada parte de tu cuerpo, por lo que tú mismo acabarás sabiendo si cierta postura te hace bien o mal y a corregirlo en el momento.
  14. ¡Respira!
    Yo no era consciente del número de veces que contenía la respiración hasta que empecé a hacer yoga. No sólo durante la práctica de asanas, sino en mi día a día. Si una situación me estresaba, empecé a ser consciente de que en esos momentos contenía la respiración, o respiraba agitadamente utilizando solo una pequeña parte de mis pulmones, apretaba las mandíbulas o presionaba la lengua contra el paladar superior. Parecen pequeños gestos sin importancia, pero influyen de gran forma en nuestro nivel de estrés, nuestro estado de ánimo y, por consiguiente, en como reaccionamos ante estas situaciones.Con la práctica de yoga, aprendemos primero a identificar estos momentos y después a volver a respirar con técnicas para hacerlo eficientemente. Es algo básico, ¿verdad? Totalmente necesario y la mayor parte del tiempo realizado inconscientemente, pero a veces se nos olvida o nuestro cuerpo lo utiliza como mecanismo de defensa, como cuando te dan un susto y automáticamente se te corta la respiración.

    Estás concentrado y esforzándote en hacer una serie de 100 abdominales, ¿estás respirando correctamente o solo cuando estás al borde de la asfixia?

    Acabas de recibir un mail de tu jefe con una tarea que tiene que estar lista para el final del día y que normalmente te llevaría una semana. Fíjate en tu respiración, ¿se acaba de cortar o respiras agitadamente?

    Respira, en ninguno de los 2 casos te está asaltando Freddy Krueger.

  15. ¡Es para todos!
    Para niños, para hombres, para mujeres, para corredores (o runners), para mujeres embarazadas, para después del parto, para personas mayores…Hay múltiples estilos, desde Yoga Nidra o Restorative para los más aficionados al descanso y la relajación, pasando por Yin, Hatha, Vinyasa, etc. hasta llegar a Asthanga, probablemente el más exigente físicamente. Incluso podéis hacer yoga en una especie de sala convertida en sauna a casi 40ºC con al menos 40% de humedad, lo que es llamado Bikram o Hot Yoga (para los que no quieren pagar al señor Bikram para utilizar su nombre). Particularmente, no estoy muy a favor del Bikram, pero ahí está la gracia del yoga, la clave es encontrar el estilo que más vaya contigo y con tu estilo de vida.

    Por último, hacer yoga no es incompatible con la práctica de otros deportes, es complementario y ambas prácticas se beneficiarán la una de la otra.

Si no lo has hecho todavía, ¡dale una oportunidad al yoga! No te decepcionará.

Yoga crossed legs position

*Si queréis más información acerca del Día Internacional del Yoga, otros Días Internacionales o simplemente para saber para qué sirven los Días Internacionales en general, podéis visitar www.un.org/es/events/yogaday

Objetivo: Felicidad. ¿Se puede trabajar en ser más feliz y realmente conseguirlo? The Happiness Project.

La Felicidad es un concepto bastante subjetivo y cada uno de nosotros probablemente lo entienda de manera diferente. Lo que está claro para todos nosotros es que ser feliz es una de las principales metas de cualquier ser humano.

También sabemos que no siempre se puede estar feliz. Incluso, que ciertos momentos de infelicidad son necesarios para apreciar los momentos buenos de la vida. En este post voy a escribir sobre un par de libros, por lo que aprovecho para recomendar también éste: “Las tribulaciones de un chino en China” de Julio Verne. Obviamente, no es de los más populares del escritor, pero me llamó mucho la atención cuando lo leí siendo adolescente porque este punto es el argumento principal de la obra. ¿Se puede ser feliz si nunca se ha sido infeliz? Este problema no se nos plantea a la mayoría de los mortales y no es mi intención empezar a filosofar sobre el tema. Quiero ser práctica. ¿Podemos realmente trabajar en ser más felices? Nuestra actitud tendrá gran parte que ver. Tampoco podemos olvidar las circunstancias que nos rodean, pero, ¿podemos emprender acciones concretas que nos hagan cada día más felices?

Come, reza, ama

Come Reza Ama

Ahora que lo he dejado todo y estoy en Asia, haciendo yoga en la India, etc. puede parecer que estoy viviendo mi propia versión de ¨Come, reza, ama” de Elizabeth Gilbert. En su libro, la escritora tras su fracaso matrimonial, se va a vivir un año fuera de Estados Unidos a 3 países distintos: Italia, India e Indonesia, 4 meses en cada uno, por este orden. En Italia, se dedica a disfrutar de la comida y a estudiar italiano simplemente porque le apetece aprender, no porque le sea de ninguna utilidad. En India quiere encontrar a Dios y la paz interior. Por último, en Bali, quiere encontrar el equilibrio entre el placer que experimentó en Italia y la espiritualidad que encontró en India.

Lo cierto es que mi viaje empezó un tiempo atrás, sin salir de casa. Vivía en Ámsterdam en un piso bastante pequeño (como es habitual allí). Lo peor no era lo reducido del espacio, sino que tenía que compartir cocina y lavadora con otras 3 chicas. Lo de la cocina lo llevaba fatal. Estaba en una planta inferior y para llegar había que bajar por lo que yo llamaba “las escaleras de la muerte”. Mi amiga Arabella vino una vez a verme y en la semana que estuvo, no se atrevió a bajar una sola vez, se fue sin ver la cocina. Tampoco disponía de un horno en condiciones, con lo que a mí me gusta hacer magdalenas y galletas…

Mi oficina se encontraba en Ijsselstein, un pueblo al lado de Utrecht. Si no sabéis dónde se encuentra Ijsselstein, no os preocupéis, muchos de mis amigos holandeses tampoco lo sabían. Sin embargo, una vez salió en las noticias incluso en España, porque un chico en un intento de ser súper original en la forma de declararse a su novia, contrató una grúa con la que intentó desplazarse hasta la terraza de la chica, con tan mala suerte que la grúa no guardó bien el equilibro y su brazo acabó aplastando el tejado de un vecino. Sin comentarios. A lo que iba, en transporte público tardaba más de hora y media en llegar desde Ámsterdam. Eso si había suerte con el tren y el autobús, que raro era el día en que ambos funcionaban bien. Pasar más de una hora en transporte público es algo a lo que los madrileños estamos bastante acostumbrados, el problema era añadirle el número de horas que pasaba en la oficina. Entraba a las 8:30 de la mañana y no salía antes de las 9 de la noche, con solo media hora para comer. Mi vida se reducía a levantarme temprano, ir a trabajar, pasar mi vida en el trabajo, volver a casa, mirar las escaleras de la muerte, pensar que ni de coña me iba a poner a bajarlas y cocinar a esas horas, tomarme un vaso de leche con cereales, ducharme y meterme en la cama. Así día tras día. Los fines de semana estaba tan cansada que apenas salía de casa. Casi ni veía a mis amigos. Entras en la espiral de la rutina y estás tan cansado, que no ves la forma de salir de ahí. Sin embargo, llega un punto en el que sabes que tienes que cambiar aquí y ahora.

En ese momento de desesperación, decidí leer “Come, reza, ama” y empezó mi viaje:

  • Decidí pedir ayuda a mis amigos, intenté verlos más. Sabía que ese estado de aislamiento, no era bueno para mí.
  • Decidí pedir ayuda al universo. Me considero una persona creyente, pero a mí manera. Creo que hay algo más grande que tú y que yo y que este mundo, pero si mañana viene un científico con pruebas irrefutables de que Dios no existe, pues diré “vale, mala suerte…” pero estaré contenta de saber la verdad. Pese a ser creyente, nunca rezaba y tenía la idea que no me iba a poner a pedir nada a Dios, habiendo tanta gente en este mundo con problemas más serios que los míos, en guerras, muriéndose de hambre, etc. Tras leer el libro, cambié de opinión y volví a rezar otra vez. No sé si realmente ayudó en algo, pero seguro que ayudó con mi autoestima. Empecé a creer que, pese al hambre del mundo, yo también tenía derecho a ser feliz, a recibir ayuda, me sentí menos sola y poco a poco empecé a verle el sentido a la vida de nuevo.
  • Empecé a hacer yoga en serio. En Madrid había ido a yoga en gimnasios y también practicaba en casa con mi Nintendo Wii. Mi amiga Magda, me recomendó un estudio cerca de mi casa donde daban clases los sábados por la mañana, por lo que no me tenía que estresar en llegar entre semana desde Ijsselstein. Se lo comenté a mi amiga Maribel y ella, apoyándome como siempre, se animó a venir conmigo.
  • Intenté reducir las horas de trabajo.
  • Me apunté con Maribel a clases de danza del vientre. Era divertido, así veía y hacía algo con mi amiga y era entre semana, por lo que me obligaba a salir “temprano” de la oficina.

No lo hice todo de golpe, fue pasito a pasito. Poco a poco todo empezó a ir mejor y yo empecé a sentirme mejor conmigo misma.

En el trabajo también las cosas mejoraron. Contrataron a alguien para que me ayudara (aunque al año se fue) e incluso la oficina se mudó a Ámsterdam, con lo que gané 2 horas de tiempo libre al día. Al final incluso me mudé de casa, ¡a otra con horno!

Hice los deberes y cuando decidí irme a la India, puedo decir que ya era bastante feliz. ¿Qué pretendía conseguir con este viaje entonces? Esta es mi lista de propósitos para este viaje, sin ningún orden concreto:

  • Conseguir ser profesora de yoga: no sé si en el futuro me dedicaré a ello ni siquiera de forma parcial, pero como Elizabeth Gilbert con el italiano, quería hacerlo solo por el puro placer de aprender algo que me apasiona.
  • Salir de mi zona de confort: durante el viaje esto está siendo una constante, pero por poner un ejemplo visitar Delhi lo consideraría una experiencia totalmente fuera de mi zona de confort
  • Asumir retos, sobrepasar mis límites: por ejemplo, en India hice paragliding. ¡Y muchas más aventuras me esperan!
  • Enseñar algo: hacer trabajo de voluntariado. Quería que este viaje fuera no solo de recibir, sino también de dar. Egoístamente, también se es más feliz dando que recibiendo.
  • Disfrutar la vida
  • Reducir el estrés
  • Descansar
  • Conocerme a mí misma, aceptarme a mí misma, quererme más
  • Conocer gente nueva, nuevas culturas
  • Aprender algo nuevo: cómo llevar un blog, un nuevo idioma, algo que me sirva laboralmente para el futuro…
  • Mantenerme en forma
  • Seguir en contacto con la familia y los amigos pese a la distancia
  • Leer
  • Prepararme para volver

Es en este último punto: prepararme para volver, donde entra en juego el siguiente libro.

The Happiness Project. Objetivo: Felicidad.

The Happiness Project book

Desde antes de abandonar Los Países Bajos, tenía claro que durante mi viaje tendría que trabajar en mí misma no solo porque cuando te vas a algún sitio los problemas te los llevas contigo, sino porque en algún momento tendría que volver. Ahora estoy muy feliz, viendo el mundo, sin estrés, etc. pero en el momento en el que vuelva, todas las circunstancias que tenía antes y que me generaban estrés e infelicidad, volverán, con el agravante de estar meses “fuera de circulación” y que tendré otros “problemas” nuevos como buscar un trabajo o encontrar una casa.

En general, no me gustan los libros de autoayuda, pero llevaba un tiempo siguiendo a la autora de este, Gretchen Rubin, en Linkedin y leyendo muchos de sus artículos. Cómo estoy cumpliendo uno de mis propósitos para este viaje: leer, de forma ejemplar, decidí darle una oportunidad a este libro “The Happiness Project” o su título en castellano, “Objetivo: Felicidad”.

Gretchen Rubin, narra en primera persona su proyecto para ser más feliz, de forma simple y clara, desde su propia experiencia y no perdiéndose en conceptos metafísicos o filosóficos que luego no sabes cómo aplicar a tu vida real. La autora además es una persona bastante “normal”, casada, con 2 hijas, sin estar experimentando una crisis existencial. Simplemente, un buen día que iba en el autobús, se planteó si realmente era todo lo feliz que debía ser y qué podía hacer para ser más feliz con su día a día. Algo normal, sin tenerse que ir a la otra punta del mundo para conseguirlo. Esto fue lo que me enganchó, sé que este viaje ha sido lo correcto para mí y no me arrepiento en ningún momento. Sin embargo, sé que dejarlo todo y viajar por meses, no puede ser la solución cada vez que se me tuerza algo. Tengo que aprender a ser más feliz con las cosas del día al día, o, mejor dicho, tengo que hacer que las cosas que hago día a día, me hagan más feliz.

La autora, al principio del libro, hace un test para medir cuán feliz del 1 al 5 es. Yo como no podía ser menos, he hecho el mismo test (entre otras cosas porque debo tener un trauma con la SuperPop desde que era una adolescente y me encanta hacer test). El test se llama “Authentic Happiness Inventory Questionnaire” de la Universidad Penn en Pennsylvania. Si os pica la curiosidad y queréis hacerlo también (yo lo hice en inglés, pero creo que se puede elegir el idioma) aquí tenéis el link:

www.authentichappiness.sas.upenn.edu/testcenter

Obtuve un 3.92 sobre 5. ¡No me puedo quejar! Soy bastante feliz ya.

El punto de partida que Gretchen Rubin nos propone es el siguiente:

Para ser feliz, necesitamos considerar qué es lo que nos hace sentir bien, qué nos hace sentir mal y qué nos hace sentir que estamos haciendo lo correcto, en una atmósfera de crecimiento.

Al contestar estas preguntas, veremos qué tipos de cambios o en qué áreas tenemos que trabajar. Una vez hecho esto, tenemos que identificar resoluciones o propósitos específicos y medibles, para poder ir evaluando si vamos progresando o no. Los propósitos deben ser concretos, no abstractos. Por ejemplo, en vez de decir “llevar una vida más saludable”, podríamos decir “montar en bicicleta 30 minutos al día”.

Me gusta el concepto de resoluciones o propósitos. La autora explica que si lo que nos proponemos son metas, ¿qué pasa cuando las cumplimos? ¿Se acabó? ¿Ya lo tenemos todo hecho? Por ejemplo, si nos ponemos como meta, correr un maratón, ¿qué pasa cuando lo conseguimos? ¿Dejamos de correr? ¿Nos ponemos una nueva meta? Sin embargo, las resoluciones o propósitos, no tienen fin, deben ser mantenidas a lo largo del tiempo. ¡Es que no nos podemos descuidar ni a la hora de ser felices! Todo conlleva un esfuerzo.

Yo ya estoy trabajando en mi lista de Resoluciones para cuando vuelva. Hay que tener en cuenta que no se puede atacar todo a la vez. Ella dividió sus propósitos en 12 meses, de forma que en Enero solo hacía los propósitos de Enero, en Febrero haría los de Enero más los de Febrero, hasta que en Diciembre haría los de todo el año.

Mi lista por ahora es solo un borrador. Durante estos meses la iré definiendo mejor, añadiendo acciones más específicas, a lo mejor quitando cosas y añadiendo otras, agrupando cosas similares… pero, por ahora, luce así:

  • Tener un proyecto diferente cada mes (escribir, pintar…)
  • Aprender a hacer repostería
  • Aprender a tocar un instrumento o ir a lecciones de canto
  • Hacer trabajo de voluntario de forma continua
  • Practicar yoga todos los días
  • Mantener el blog “vivo”
  • Aprender un idioma nuevo
  • Bailar y cantar más
  • Seguir en contacto con la familia y amigos
  • Visitar a la familia de Córdoba más a menudo
  • Seguir viajando
  • Trabajar para vivir, no vivir para trabajar
  • Encontrar un trabajo que me apasione y en una empresa cuyos valores sean parecidos a los míos
  • Estar presente
  • Encontrar una casa con un horno en condiciones y utilizarlo
  • Desayunar en casa todos los días
  • Darme un lujo (sano y no caro) de vez en cuando (comprar felicidad): comprarme flores, ir a darme un masaje…

¡Creo que mi proyecto me llevará más de un año! Pero no importa, me hace mucha ilusión. Sólo el hecho de comenzar esta lista, me quita un poco el estrés, de qué pasará cuando vuelva, qué voy a hacer… Tengo el principio de un plan e iré trabajando en ello durante esta travesía.

No os quiero destripar más el libro, pero os recomiendo su lectura, si tenéis curiosidad como yo en tratar de ser más felices.

También podéis visitar la web de Gretchen Rubin: www.gretchenrubin.com. En ella encontraréis un montón de material sobre el libro, sobre otros que ha escrito posteriormente e incluso publica podcasts semanales junto con su hermana sobre la felicidad. También le podéis encontrar en Facebook, Linkedin y Tweeter.

¿Os animáis a intentarlo? ¿Cuál sería vuestra lista? ¿Tenéis otra técnica que queráis comentar? Con proyectos como este o sin ellos, ¡sed muy felices!

Salir de la zona de confort: ¿lo mejor que puedes hacer, eres un rebelde o simplemente estás loco?

 

Los que me conocéis o sabéis de qué va este blog, sabéis ya cuál es la respuesta a esta pregunta. Así que, “spoilers alert”, no lo voy a dejar para el final.

Salir de la zona de confort es lo mejor que puedes hacer. Punto.

Lo habréis leído en miles de otros artículos, habréis visto vídeos en Youtube, etc. Uno de mis favoritos es este:

https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

Sin embargo, aquí seguimos, hablando del tema. Salir de la zona de confort no es fácil, porque la palabra misma lo dice, la zona es muy cómoda. Es como cuando estás acurrucadito en el sofá y sabes que deberías levantarte y hacer algo con tu vida, pero se está tan bien, … venga, va, solo un capítulo más de Game of Thrones… y acabas despertándote a las 2 de la mañana con tortícolis, así que te arrastras a la cama, para cambiar de postura por lo menos. No hay que avergonzarse, todos lo hemos hecho alguna vez (o más de una, o muchas de hecho, yo he perdido la cuenta).

Ahí estoy, ante esa línea imaginaria que separa lo conocido y lo desconocido. Paralizada. Esa voz interior me dice que cruzar la línea es lo correcto, que qué es lo peor que me puede pasar si no lo hago, que no hay nada que temer. Sin embargo, me asaltan las dudas, que siempre se acompañan de su amigo el miedo y me bombardean el cerebro:

¿Eres un rebelde?

¿Por qué no puedes hacer como todo el mundo?

¿Qué más quieres en esta vida? Tienes un buen trabajo, buenos amigos, familia que te quiere. ¿De qué te quejas? Podrías haber nacido en cualquier país del tercer mundo y haber tenido una vida bien distinta. Mientras escribo esto oigo la voz de mi madre…

Asúmelo, deja de luchar con esa voz interior. Tienen razón, eres un rebelde. Salir de la zona de confort es un acto de rebeldía no solo contra lo que nos rodea, sino principalmente contra nosotros mismos. El instinto de conservación y supervivencia está muy presente en nosotros y salir de la zona de confort dispara todas las alarmas en nuestro cuerpo.

Eres diferente y eso en sí mismo no es malo. Recientemente, leí  en “My Grandmother Sends Her Regards and Apologises” de Fredrik Backman:

“Only different people change the world. No one normal has ever changed a crapping thing.”

O lo que es lo mismo: “Solo la gente diferente cambia el mundo. Nadie normal ha cambiado nunca una mierda”. Conciso, concreto y aunque el lenguaje no sea el mejor, sobre todo teniendo en cuenta que en el libro era una abuela quien le decía esto a su nieta de 7 años, a mí me pareció bastante motivador.

¿Estás loco?

Esta pregunta se suele acompañar por el ¿qué dirán?, ¿y si fallo?, o todo junto ¿qué dirán si fallo?

Así que, ¿estás loco? Sí. No lo estoy poniendo fácil, ¿verdad? Pero como Alicia en el País de las Maravillas le respondería al Sombrerero Loco cuando éste le pregunta si se ha vuelto loco:

“Temo que sí… Estás completamente loco. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.”

El secreto es dejar de atormentarse por ello. Mi familia piensa que estoy loca, muchos de mis amigos también y yo misma me lo planteo, hasta el punto de pensar si a lo mejor me lo debería hacer mirar en algún momento.

La familia, para mí es el talón de Aquiles en mis actos de rebeldía y locura. Hija única y con una estrecha relación con ellos, el qué pensarán y cuánto les hará sufrir mis decisiones es lo que más me pesa.

Los amigos, siempre me han apoyado y aunque no todos estén de acuerdo con mis decisiones, me respetan. Me dan su sincera opinión, que valoro muchísimo y tengo en cuenta tanto si es a mi favor como si es en contra. Si tus amigos se ríen de ti sin darte ninguna crítica constructiva, no eres tú el que te tienes que mirar tu grado de locura, pero sí deberías revisar bien tu lista de lo que se consideran amigos.

Lo que piense el resto del mundo, siempre me ha importado bien poco. Porque dentro de 200 años, yo y los que me conocieron estarán muertos y nadie recordará mi nombre. Suena duro, pero es cierto. A veces hay que coger un poco de perspectiva para no tomarse la vida tan en serio.

Salir de la zona de confort, ¿salto al vacío?

Sábado noche, hace unos cuántos años, en ese momento en que pasas de salir todos los fines de semana hasta las 5 de la mañana a preferir quedarte en casa jugando al Party con tus amigos. Mi amigo Juan formula una pregunta del juego: “María va subiendo las escaleras de un bloque de viviendas. De repente oye gritos procedentes de una de las casas. Se acerca y ve la puerta entreabierta. ¿Qué haría María?

a) Seguir su camino como si nada, en cosas privadas mejor no meterse

b) Llamar a la policía y esperar a cierta distancia

c) Entrar de golpe, dispuesta a enfrentarse a quien sea.”

Mis amigos al unísono respondieron “¡C! María, entraría de golpe, ¡por supuesto!”. La respuesta me dejó un poco helada. Contenta porque mis amigos me conocen a la perfección y en efecto, esa hubiera sido también mi respuesta, pero helada porque no tardaron ni un milisegundo en contestar. Es una opción valiente, pero también bastante temeraria o inconsciente. Ahora, con unos cuantos años más y con los teléfonos móviles más a mano que en mis años mozos, a lo mejor mientras entro a la casa, voy a la vez llamando a la policía…

De todas formas, este ejemplo es un buen reflejo de mi personalidad. Creo que soy valiente pero en ciertos aspectos podría interpretarse como algo temeraria o inconsciente.

Trabajo (o trabajaba) en Finanzas. Típico perfil de amante de la rutina, el orden y la minimización del riesgo. Salir de la zona de confort me da pánico, para cosas tan simples como ir a un sitio nuevo por primera vez, llamar por teléfono a alguien que no conozco, pedir cuarto y mitad de jamón de york en el súper…

Sin embargo, para tomar decisiones que pueden suponer un cambio radical en mi vida, soy mucho más resuelta. Puede parecer que tengo una gran facilidad para liarme la manta a la cabeza, o que no mido las consecuencias. Algo de locura y rebeldía va en los ingredientes de la receta como hemos discutido, pero nunca tomo decisiones totalmente irracionales. ¿Salto al vacío? No, hay que prepararse, coger la licencia de piloto y montarte en el avión con las instrucciones de cómo funciona bien claras, porque este avión, que es tu vida, sólo lo pilotas tú.

Mi experiencia

 

En mi caso, 3 situaciones extremas en las que decidí salir de la zona de confort, han marcado mi vida y me han llevado a donde estoy hoy.

Reino Unido

La primera, en 2007 cuando tenía 26 años. Como veis mis actos de rebeldía y locura no empezaron demasiado pronto en mi vida. ¡Nunca es tarde para empezar!

Por aquel entonces trabajaba como Contable en Madrid SnowZone, la pista de nieve cubierta del centro comercial Xanadú. Un año antes ya había estado a punto de dejarlo todo e irme 6 meses a estudiar inglés a Bristol. Sin embargo, conseguí una promoción interna del departamento de ventas (donde yo no me veía como comercial) a Finanzas. Bristol se quedó por el camino, pero mi interés por viajar al extranjero y aprender inglés siguió intacto.

Al verano siguiente, utilicé mis 2 semanas de vacaciones para aprender la aventura. No pudieron ser 6 meses, pero fueron 2 semanas muy bien aprovechadas, esta vez en Brighton.

Recuerdo lo asustada que estaba. Era mi primera vez viajando sola a un país extranjero en el que además no hablaban mi idioma. Llegué al aeropuerto de Gatwick con mi maleta de 20 Kg para 2 semanas (cómo he mejorado con el tema maletas desde entonces…). El taxista me estaba esperando. Lo tenía todo super organizado, bastantes nervios llevaba yo ya como para lidiar con imprevistos. Me monté en el taxi (no sin antes darle la vuelta entera porque me iba a subir por el lado del conductor) y empecé mi charla con el taxista. La conversación más larga que había tenido en inglés en mi vida. A medio camino el taxista me dijo: “Ah, ¡pero tú vienes más de vacaciones que a estudiar porque tu inglés es muy bueno ya!”. ¡Fue un subidón de moral! Desde aquel momento, me dije, María, tú puedes hacer esto. Todo va a salir bien.

Luego cuando llegué a la residencia y me vi allí sola, se me olvidó todo y me eché a llorar. ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué teniendo solo 2 semanas de vacaciones has decidido pasarlas sufriendo aquí donde hay playa pero hace frío, donde no conoces a nadie, donde además tendrás que estudiar?

Sin embargo, al día siguiente empezaron las clases de inglés, empecé a conocer gente de todo el mundo, empecé a salir con ellos y explorar la ciudad (y los pub). Cuando te encuentras rodeada de gente que ha ido con el mismo propósito que tú, que está igual de sola que tú y que quiere hacer las mismas cosas que tú, es muy fácil hacer amigos. Amigos súper variopintos, que en circunstancias normales no os hubierais conocido ni aun viviendo en el mismo edificio, pero eso es lo grande de viajar, es lo que abre la mente y el corazón.

Tuve uno de los mejores veranos de mi vida hasta entonces. Volví a Madrid triste por irme tan pronto, pero súper contenta conmigo misma. Volví con mucho mejor inglés y con lo que después se convirtió en una relación a distancia por más de 4 años. En invierno, me saqué el First Certificate in English de la Universidad de Cambridge. La relación a distancia acabó con los años como el rosario de la aurora, pero como dicen unas veces se gana y otras se aprende. En este caso, aunque en el momento de la separación no me lo pareció, ahora sé que con ello no solo aprendí sino que también gané.

Países Bajos

A principios de 2012, pensé que tenía la vida encarrilada. Un trabajo estable en Sega como Accountant & Controller Manager, una relación estable, ¡Incluso me había comprado un piso en Fuenlabrada! Todo iba más o menos como mandaba el guión. De repente, todo se fue al garete y es que unas veces eres tú la que sale de tu zona de confort y otras veces te empujan. Mi relación se rompió al querer avanzar y pedir cierto grado de compromiso. La empresa anunció que cerraba la filial en España y todos los empleados fuimos despedidos. El proceso duró varios meses y la comunicación entre la empresa y los empleados fue muy buena. Como mi jefa estaba embarazada y necesitaban a alguien que se quedara más tiempo para cerrar todos los flecos financieros sueltos, me propusieron quedarme 3 meses más.

Durante ese período empecé a buscar un nuevo trabajo. No de forma muy activa porque mi objetivo principal era dejar las cosas bien cerradas y luego tenía pensado cogerme unas merecidas vacaciones. Sin embargo, gracias al ex Director de Ventas de la compañía, conseguí una entrevista en Nikon en Ámsterdam, donde él tenía un contacto. Jamás me había planteado vivir en Holanda, de hecho, ni conocía Ámsterdam. Sin embargo, ¡no tenía nada que perder! Y el hecho de vivir en el extranjero siempre me había llamado la atención.

Para la primera entrevista en Ámsterdam, me llevé conmigo a mi amiga Yolanda y me fui el fin de semana de antes para conocer la ciudad un poco. A mi amiga le encantó la ciudad desde el primer momento. Yo, por el contrario, me encontraba en estado de shock. “No me veo viviendo aquí, no me veo viviendo aquí…”: era lo único que no paraba de repetir. Salir de la zona de confort no es fácil… Hasta que una mañana fuimos a Vondelpark (uno de los pulmones de la ciudad) e hicimos un improvisado picnic sentadas en el césped, no me relajé. “Aquí sí, esto es otra cosa”.

Los días pasaron y llegó el momento de cerrar la empresa. Literalmente fui la última persona en abandonar la oficina. El último día recogí mis cosas, cerré la puerta con llave y eché la llave al buzón. Mis amigos me esperaban para cenar para “celebrar” que me acababa de incorporar a la larga lista de desempleados del país. La celebración no duró mucho porque apenas llegué a casa de mi amiga, mi padre me llamó por teléfono para decirme que se habían producido lluvias torrenciales en Almería y se nos había inundado la casa que mis padres tienen allí y donde pasan la mayor parte del verano.

En vez de irme de vacaciones al Caribe, me fui a quitar barro a Almería. Allí estaba, pala en mano, con un mono de trabajo de mi padre, cuando me llamaron por teléfono. Era la Directora de Recursos Humanos de Nikon. Me dijo la frase típica de: “¿Te pillo en buen momento?”. A lo que sinceramente le contesté: “La verdad es que no, pero no va a mejorar en un futuro próximo…” Me ofrecieron un puesto de un año como Financial Controller para cubrir una baja de maternidad. A los pocos días, tuve que dejar a mis padres en el barro literalmente y empezar la locura de mudarme a otro país.

Fui 3 días a Ámsterdam en busca y captura de un apartamento. Ahí conocí a Maribel, el contacto de mi ex Director de Ventas, gracias a la cual había conseguido el trabajo. Maribel fue como una aparición divina. Me llevó a cenar, me aconsejó con los pisos… yo no daba crédito de que en este mundo pudiera haber una persona tan buena y desinteresada como ella.

A principios de Noviembre, llegué a Ámsterdam con 2 maletas, muchos sueños, muchos nervios y deseando empezar la aventura. Maribel fue de gran ayuda desde el principio e hizo que instalarme y adaptarme fuera mucho más fácil. Cuando te mudas a un país o una ciudad nueva, tienes que cambiar el chip. No sabes dónde está el supermercado, no sabes ni dónde se recicla el plástico, no sabes cómo ir de A a B… Todo lleva más tiempo del que estás acostumbrado. Tardé más de una semana en encontrar una fregona, pero cuando lo hice, ¡me supuso una alegría enorme! La felicidad a veces está en las pequeñas cosas.

Asia

A Holanda me fui por un año, pero al final me quedé más de 4. Vivir fuera engancha y la situación económica de España, no ha mejorado lo suficiente como para querer volver.

Vivir fuera es un reto constante. Con el tiempo, te adaptas a tu nuevo país, creas nuevas rutinas, haces amigos, ya sabes dónde comprar fregonas… Todo se hace más fácil. Sin embargo, hay cosas que el tiempo solo empeora: estás lejos de tu familia, estás lejos de tus amigos de toda la vida, … Tus padres se hacen mayores y ves cómo te echan de menos y cómo los echas de menos tú también. Intentas seguir en contacto con tus amigos, pero no es lo mismo, ellos siguen sus vidas como tú sigues la tuya y se casan y tienen hijos y los ves crecer por las fotos que te mandan a Whatsapp. Es duro. En mi caso, además, nunca llegué a adaptarme del todo. Después de 4 años sigo sin hablar holandés. En 4 años me mudé 4 veces de casa, lo que no proporciona mucha estabilidad y pese a que adoro la ciudad, nunca tuve claro que quisiera quedarme a vivir allí para siempre.

Ese desarraigo o sentimiento de no pertenencia a ninguna parte, es probablemente una de las causas por las que ahora mismo estoy en Asia.

Trabajé muy duro esos 4 años, sin apenas vacaciones. Durante ese tiempo, lidié con estratosféricos niveles de estrés. Superar lo de mi ex, me llevó bastante tiempo, recuperar la autoestima un poco más. Trabajé mucho en mí misma, pedí ayuda a mis amigos (cosa que odio profundamente, en parte por lo cabezota que soy) y finalmente recuperé mi estabilidad mental.

Una vez que me sentí fuerte, empecé a analizar qué otras cosas de mi vida debía de cambiar para ser feliz. Cambiar de trabajo, pese a los excelentes compañeros que tenía, lo bien valorada que estaba dentro de la empresa y lo que me gustaba mi trabajo en general, fue lo primero que apareció en mi lista.

Después estaba la ciudad, Ámsterdam es maravillosa, pero seguía sin sentir que encajara completamente allí.

El tercer aspecto fue que sabía que yo también tenía que cambiar. Cambiar de trabajo solamente no iba a solucionar nada si no cambiaba yo también.

Vivir fuera ya lo tenía tachado de mi lista. Viajar, no tanto. Cuando te vas a vivir fuera crees que vas a viajar mucho más, pero con vacaciones limitadas y morriña, gran parte de ellas las pasas visitando familia y amigos (sin rencor).

Tras pensarlo mucho y planificarlo aún más, me decidí a dar el paso. Dejé mi trabajo, dejé el piso de alquiler, empaqueté todas mis cosas y me las llevé a España y me vine a Asia.

Soy relativamente joven, no tengo cargas familiares, siempre había querido viajar y explorar diferentes países no solo por las 2 típicas semanas de vacaciones. Quería explorar, desconectar, relajarme, aprender nuevas cosas y culturas. ¿Salto al vacío? Puede parecerlo, pero lo medité mucho. Tenía el dinero y tenía las ganas, ¿qué es lo peor que me podría pasar? Me hice las mismas preguntas que al principio de este post: ¿estás loca? ¿eres una rebelde? Y cuando acepté que sí y que aun así quería hacerlo, me quedé más tranquila y me decidí.

Este ha sido el camino que yo he elegido, el tuyo puede ser diferente.

Salir de la zona de confort, un proceso continuo.

Salir de la zona de confort no debe ser tratado como algo puntual. Debe ser parte de tu forma de vida. Primero, porque cuando sales de la zona de confort es cuando las cosas buenas suceden: creces, evolucionas, eres más feliz, te equivocas, aprendes, … resumiendo vives plena y conscientemente. Segundo, porque cuanto más sales de la zona de confort, más fácil es seguir saliendo. Si lo haces sólo esporádicamente, el miedo a salir estará más presente. Salir de la zona de confort es como ir al gimnasio todos los días. Si no mantienes la rutina, dejarás de ir, pero si vas de forma continuada, te sentirás mejor contigo mismo y llevarás una vida más saludable.

¿Cómo salir de la zona de confort? 

1. Analiza qué no te gusta de tu vida. Empieza por cambiar lo que no funciona.

2. Piensa qué es lo que podría ir mejor. No hace falta sufrir una crisis existencial para mejorar.

3. Considera qué es lo que te gustaría hacer en la vida, ponte metas. Si tu vida va por un camino diferente al que te gustaría, estás a tiempo de realizar los cambios necesarios.

4. Encuentra tu pasión: practica ese deporte que dejaste cuando niño, ve a cantar al coro de la Iglesia, aprende un nuevo idioma, da clases de cómo tocar la bandurria… Lo que te apetezca. Haz algo sólo por el hecho de que te gusta hacerlo, no sólo porque es bueno para tu curriculum o porque es lo que todo el mundo hace.

5. Modifica pequeñas cosas: cambia de ruta o de transporte para ir al trabajo, habla con un desconocido en la parada del metro, compra otra marca de yogures en el supermercado, lee un libro que no sea de tu estilo, canta con las ventanillas del coche bajadas…

La vida está llena de oportunidades de cambio. A mí me ha dado por viajar, lo que puede parecer valiente y atrevido. Sin embargo, observo a aquellas de mis amigas que han decidido convertirse en mamás y me digo, ¡eso sí que es ser valiente y atrevido y salir de la zona de confort! Tener una personita que es tu total responsabilidad, no más hacer lo que te dé la gana sin tener que rendir cuentas con nadie, no llegar tarde de trabajar y simplemente despanzurrarte en el sofá… Todos mis más sinceros respetos y total admiración.

Recuerda, no hay camino malo, mientras seas tú el que lo hayas elegido de forma honesta contigo mismo.

Por tanto, ¿tú también estás loco? ¿Eres un rebelde? ¿Sigues teniendo dudas? Cuéntame tu experiencia…