Feliz en el trabajo: realidad o utopía. 15 Consejos para ser más feliz.

Unas macetas siempre alegran

¿Se puede ser realmente feliz en el trabajo? Se terminó Agosto y para muchos supone “la vuelta al cole”. Vuelta a la dura realidad. Se acabaron el despertar sin que suene la alarma del móvil, los atardeceres en la playa, los mojitos en una terraza…

Feliz en la playa
Feliz en la playa

Para muchos volver a la rutina diaria puede ser un castigo mortal, para otros no tanto. A lo mejor no has podido todavía disfrutar de vacaciones siquiera. Sea cual sea tu caso, la realidad es que ser feliz en el trabajo para muchos es una utopía.

Muchos piensan que el trabajo no puede ser divertido, sino ¡no se le llamaría trabajo! Trabajamos porque hay que pagar las facturas. Vamos, pasamos el tiempo lo mejor que podemos, mirando el reloj de la pantalla cada 5 minutos, deseando que llegue la hora y nos podamos levantar de la silla y salir de ese lugar para poder empezar con nuestras vidas.

No estoy de acuerdo. Ser feliz en el trabajo debe ser una realidad, uno de nuestros objetivos en la vida. Pasamos al menos 8 horas diarias trabajando, más el tiempo en el desplazamiento, más la hora del almuerzo. Eso es mucho tiempo al día para estar infeliz.

Tampoco quiero pintar el ir a trabajar como un cuento de hadas. No se puede ser feliz en el trabajo siempre. Del mismo modo, no puedes estar feliz todo el tiempo en general. La felicidad es un estado de ánimo y como todo en esta vida, es pasajero. La felicidad no es eterna pero podemos trabajar en ella como en este otro post escribí. ¿Qué hacer para ser más feliz en el trabajo? Aquí tienes algunos consejos:

1. Si no te gusta tu trabajo, déjalo.

Este puede ser el consejo más radical, pero por ello quiero ponerlo al principio. Hay muchas pequeñas cosas que pueden mejorar nuestra felicidad en el trabajo, pero si eres realmente infeliz, si no te gusta lo que haces, si estás en un ambiente destructivo, si no encajas con tus compañeros, con tu jefe, con la visión de la empresa, simplemente puede ser que no sea tu sitio.

Esto no significa que lo dejes todo de repente. Aunque si tienes los recursos económicos suficientes, no lo descartes. Tu salud mental y física valen más que unas cuantas nóminas. El simple hecho de aceptar que vas a dejar tu trabajo y empezar la búsqueda de uno nuevo, te dará una gran felicidad. Eso sí, sé serio en el proceso. Dedica un tiempo cada día a la búsqueda activa de empleo. Buscar trabajo es un trabajo en sí mismo. Probablemente lo último que te apetezca después de un mal día en el trabajo es ponerte a buscar otro, aunque suene contradictorio.

Actualiza tu currículum, ponte en contacto con headhunters, busca empleos cada día, … Si salir de donde estás es tu meta, nadie salvo tú puede sacarte de ahí.

Si no sale a la primera, ¡sigue intentándolo! No te rindas, hay luz al final del túnel.

¡Lo dejo!
¡Lo dejo!

2. Descansa

Intenta dormir 8 horas diarias. Esto puede sonar tan utópico como ser feliz en el trabajo, pero debemos hacer que sea una prioridad.

Si no descansas ni duermes lo suficiente, estarás agotado, aumentará tu nivel de estrés, tendrás más dificultades para concentrarte en tus tareas, te hará más lento a la hora de realizarlas y en general, estarás de peor humor. Es la receta perfecta para no ser feliz.

Si no puedes hacerlo todos los días entre semana, hazlo al menos un día. Los miércoles no veas ninguna serie en Netflix y vete a dormir. De igual forma que tienes unos días reservados para ir al gimnasio o quedar con alguien, reserva un día para dormir.

A dormir!
A dormir!

Es difícil conseguirlo, pero por experiencia propia te digo que merece la pena. En un momento de mi carrera trabajaba tantas horas y mi trabajo estaba tan lejos que literalmente me quedaba poco tiempo para hacer nada más, ni siquiera dormir. Acababa destrozada los viernes y me pasaba el fin de semana durmiendo para compensar y descansar. No hace falta decir que no era muy feliz. Merece la pena dormir un poco más entre semana y disfrutar más de tu fin de semana haciendo algo más que dormir. Lo que me lleva al siguiente punto:

3. Pon límites

Di “NO”. Este es uno de los puntos que personalmente me resultan más difícil de ejecutar. Si dices No a algo te sientes culpable, incluso egoísta. Todo te parece importante y necesario y quieres ayudar a los demás y a tu empresa. Ahora bien, ¿te estás ayudando a ti mismo? Si tu plato está ya lo suficientemente lleno, no lo reboses sólo por tu miedo a defraudar. Acabar estresado, con un burn-out, quemado o hasta el punto de querer dejar la empresa, no ayuda a nadie, ni a tu empresa, ni a tus compañeros y sobre todo a ti mismo.

Un punto de vista que me ayuda a decir No es la siguiente frase de Carson Tate:

Remember, every time you say Yes to one thing, you are saying No to something else. (Recuerda, cada vez que dices Sí a algo, estás diciendo No a otra cosa)

El tiempo es limitado, no podemos decir Sí a todo. Acabaremos no haciendo otras cosas en nuestro trabajo que realmente son importantes para nosotros o alargando nuestra jornada laboral, por lo que estaremos diciendo No a pasar tiempo con nuestra familia o amigos, a hacer deporte o a dormir esas 8 horas diarias.

Just say No
Just say No

4. Prepárate y habla con tu superior

Si no eres feliz en el trabajo, hay muchas cosas que estarán en tu mano para poder cambiarlas, para otras necesitarás la aprobación de tu jefe. Pídele una reunión “1 to 1” pero antes prepárate bien:

  • Haz una lista con tus tareas
  • Al lado de ellas añade 3 columnas:
    • Importancia (Alta, media, baja),
    • Tiempo que requiere realizarla (mucho, medio, poco)
    • Preferencia (si te gusta mucho, medio o poco)
  • Lo que tenga poca importancia, te lleve mucho tiempo y además no te guste tiene que desaparecer de tu lista de tareas

Esto te ayudará a aclarar tus ideas e ir más preparado a la reunión. El llevarlo por escrito (mi preferencia siempre es en Excel por deformación profesional) te ayudará no sólo a la hora de revisarlo con tu jefe, sino que también le puede ayudar a tu jefe como base para que tu propuesta se apruebe si él tiene que presentarlo ante Recursos Humanos o ante su jefe.

Aprovecha para hablar no sólo de las tareas que te hacen infeliz y para establecer prioridades sino también de otras cosas que te ayudarían a ser más feliz en el trabajo, como la posibilidad de trabajar algún día desde casa, o salir antes los miércoles para poder llevar a tu hijo al entrenamiento de fútbol, o cambiar la orientación de tu mesa para tener más luz natural… A lo mejor no consigues todos tus puntos, pero el No ya lo tienes si no lo intentas.

Reúnete con tu jefe
Reúnete con tu jefe

5. Haz algo interesante antes de ir a trabajar

Si no duermes tus 8 horas diarias y como yo no eres de los que les gusta madrugar, este puede ser un punto complicado. Yo solía poner el despertador en el teléfono y luego darle a posponer o snooze unas cuantas veces antes de poder realmente levantarme. Acababa arreglándome corriendo y corriendo ir a trabajar. Llegaba a la oficina ya estresada. Desayunaba en la oficina, pero mientras miraba e-mails o era interrumpida por compañeros que necesitaban algo. Esto no ayuda a ser feliz en el trabajo.

Pon el despertador y levántate cuando suene (bueno, un snooze es válido, pero sólo uno). Dedica el tiempo necesario para no tener que estar estresado desde primera hora de la mañana.

Intenta hacer algo interesante antes de ir a trabajar: desayuna en casa mientras ves o lees las noticias, sal a correr, medita, practica yoga o algún otro deporte que te guste o simplemente sal algo antes de lo normal de casa para dar un pequeño paseo antes de encaminarte a la oficina en coche o en transporte público.

Esto te ayudará de la siguiente forma:

  • Por la noche te sentirás mejor con la idea de levantarte por la mañana no para ir directamente a trabajar sino para hacer algo que te gusta. Te ayudará a ver que haces más cosas en tu vida aparte de trabajar.
  • Al sonar el despertador serás capaz de apagarlo realmente al tener una motivación
  • Llegarás al trabajo más feliz y relajado, lo que ayudará a que tu día siga en ese estado de ánimo

6. Toma descansos

Pero intenta que no sean para fumar. Estamos intentando ser más feliz en el trabajo, pero no a costa de la salud.

Estira las piernas, pasea por la oficina para tomar un café o un té o ir a por agua. Puede parecer poco productivo, pero tomarse un minuto hace mano de santo, reduce nuestro estrés, nos aclara las ideas y en definitiva nos hace más felices.

Coffee break
Coffee break

7. No comas en tu mesa

Relacionado con el punto anterior, nunca comas en tu mesa (o hazlo lo menos posible). Nuestra mente necesita desconectar y es bueno cambiar de ambiente y socializar con los compañeros

8. Aléjate de cotilleos y gente negativa

¿Socializar con todos tus compañeros? Si eres afortunado, a lo mejor sí puedes, pero en toda empresa como en cualquier sitio en esta vida, habrá gente de la que es mejor no rodearse. Aléjate de cotilleos, sólo envenenan el ambiente. Lo más difícil, ignora los cotilleos que sean sobre ti. Para ello hay 2 frases que siempre me ayudan:

Lo que piensen los demás de ti, no es asunto tuyo.

No le puedes gustar a todo el mundo, no eres una croqueta

Aléjate de gente negativa. Todos hemos tenido alguna vez a ese compañero que se queja por todo, que todo le parece mal, que parece que odia la empresa y que hace que te preguntes por qué no busca otro empleo y se va. Son lo que llamamos un agujero negro. Si tú eres feliz en el trabajo, o dejes que te contagie su negatividad.

Cotilleo
Cotilleo

9. Ten un mejor amigo en el trabajo

La vida simplemente es mejor cuando estamos rodeados de amigos. Ser más feliz en el trabajo es fácil si tienes a alguien en quien confiar, para hablar (no cotillear), para compartir tareas, para tomarte ese café…

Tú y tu mejor amiga
Tú y tu mejor amiga

10. Haz deporte

Como mencioné antes, hazlo antes de ir a trabajar (si no te cuesta mucho madrugar), aprovecha la hora de la comida si tienes suficiente tiempo o hazlo después de trabajar. Hacer deporte genera estamina, lo que nos hace más felices y ese efecto hormonal lo podemos arrastrar hasta el trabajo.

También te dará una sensación de logro y eliminará la sensación de que solo vives para trabajar.

11. Aprovecha el tiempo de transporte

Si viajas en transporte público aprovecha ese tiempo para hacer algo que te guste como leer, escuchar música o para aprender algo nuevo: un idioma con Duolingo, ve un video de TED, escucha podcasts, … Abandona Facebook e Instagram por un rato.

Si conduces estarás más limitado pero siempre puedes cantar o simplemente escuchar tu música favorita. Yo era de los que cantaba a todo pulmón en medio del atasco. Se me hacía mucho más llevadero.

Con la bicicleta en Ámsterdam era más complicado hacer algo más aparte de pedalear. Si eres un afortunado como yo y puedes ir en bici al trabajo, aprovecha para hacer algo de meditación. No me refiero al Om ni a cerrar los ojos mientras conduces, sino a vivir el presente. No pienses en la reunión que tienes a las 9 sino aprovecha para mirar a tu alrededor, disfrutar del paisaje, del aire que respiras, fíjate en ti mismo y en la forma que pedaleas, izquierda, derecha… Llegarás mucho más relajado al trabajo.

12. Haz que tu entorno sea agradable

A lo mejor no tienes el mejor sitio de la empresa, ni estás cerca de una ventana pero si no puedes cambiar tu sitio y tener luz natural, al menos puedes hacer algunas cosas para que sea más agradable:

  • Mantén tu sitio ordenado: intenta que tu mesa no esté llena de papeles, carpetas y demás. Antes de irte cada día, recoge y ordena para que al día siguiente no te tengas que enfrentar a una selva sin machete antes de poder siquiera sentarte.

    Desorden = infelicidad
    Desorden = infelicidad
  • Ten fotos o recuerdos de algún sitio que te rememoren momentos felices
  • Ten una planta: lo ideal sería que tu empresa tuviera algunas plantas alrededor. Si no es el caso, consulta si puedes llevar una propia.

    Unas macetas siempre alegran
    Unas macetas siempre alegran

13. Aprende algo nuevo

Una de las razones por las que no te sientas feliz en el trabajo, puede ser porque te encuentres estancado. Como seres humanos, para ser felices, necesitamos estar rodeados de un ambiente de crecimiento.

Nunca dejes de aprender cosas que te ayuden a evolucionar profesionalmente. Aprender en sí proporciona felicidad si a ello le añadimos el tener un propósito, será la receta perfecta para ser feliz en el trabajo.

14. Ten un plan de carrera

Ten un plan de carrera, dentro de tu empresa o fuera de ella. Piensa en lo que quieres hacer y dónde quieres estar en 1, 2 o 5 años. Muchas cosas pueden pasar por el camino y siempre puedes cambiar de opinión, pero el tener una meta, ayuda a ser más felices.

Una vez que lo tengas claro, discútelo con tu superior. Si él no sabe dónde quieres estar ni cuáles son tus motivaciones, no esperes que te lea la mente y te ofrezca el ascenso que estabas esperando. A lo mejor te imagina en un entorno totalmente diferente que no es lo que tú quieres para ti.

15. Sonríe

Es uno de mis 10 Mandamientos. La mayoría de las veces el ser o no felices está en nuestras propias manos, en nuestra actitud. No seas el compañero negativo que comentábamos antes.

Sonríe y es mucho más probable que te sonrían de vuelta.

Llega a la oficina con una sonrisa e intenta que no se te estropee durante el día.

¡Sé muy feliz en el trabajo! Espero que estos consejos te ayuden. ¿Tienes algún otro consejo? ¡Escríbelo en los comentarios!

Sonrisa
Sonrisa

Salir de la zona de confort: ¿lo mejor que puedes hacer, eres un rebelde o simplemente estás loco?

 

Los que me conocéis o sabéis de qué va este blog, sabéis ya cuál es la respuesta a esta pregunta. Así que, “spoilers alert”, no lo voy a dejar para el final.

Salir de la zona de confort es lo mejor que puedes hacer. Punto.

Lo habréis leído en miles de otros artículos, habréis visto vídeos en Youtube, etc. Uno de mis favoritos es este:

https://www.youtube.com/watch?v=i07qz_6Mk7g

Sin embargo, aquí seguimos, hablando del tema. Salir de la zona de confort no es fácil, porque la palabra misma lo dice, la zona es muy cómoda. Es como cuando estás acurrucadito en el sofá y sabes que deberías levantarte y hacer algo con tu vida, pero se está tan bien, … venga, va, solo un capítulo más de Game of Thrones… y acabas despertándote a las 2 de la mañana con tortícolis, así que te arrastras a la cama, para cambiar de postura por lo menos. No hay que avergonzarse, todos lo hemos hecho alguna vez (o más de una, o muchas de hecho, yo he perdido la cuenta).

Ahí estoy, ante esa línea imaginaria que separa lo conocido y lo desconocido. Paralizada. Esa voz interior me dice que cruzar la línea es lo correcto, que qué es lo peor que me puede pasar si no lo hago, que no hay nada que temer. Sin embargo, me asaltan las dudas, que siempre se acompañan de su amigo el miedo y me bombardean el cerebro:

¿Eres un rebelde?

¿Por qué no puedes hacer como todo el mundo?

¿Qué más quieres en esta vida? Tienes un buen trabajo, buenos amigos, familia que te quiere. ¿De qué te quejas? Podrías haber nacido en cualquier país del tercer mundo y haber tenido una vida bien distinta. Mientras escribo esto oigo la voz de mi madre…

Asúmelo, deja de luchar con esa voz interior. Tienen razón, eres un rebelde. Salir de la zona de confort es un acto de rebeldía no solo contra lo que nos rodea, sino principalmente contra nosotros mismos. El instinto de conservación y supervivencia está muy presente en nosotros y salir de la zona de confort dispara todas las alarmas en nuestro cuerpo.

Eres diferente y eso en sí mismo no es malo. Recientemente, leí  en “My Grandmother Sends Her Regards and Apologises” de Fredrik Backman:

“Only different people change the world. No one normal has ever changed a crapping thing.”

O lo que es lo mismo: “Solo la gente diferente cambia el mundo. Nadie normal ha cambiado nunca una mierda”. Conciso, concreto y aunque el lenguaje no sea el mejor, sobre todo teniendo en cuenta que en el libro era una abuela quien le decía esto a su nieta de 7 años, a mí me pareció bastante motivador.

¿Estás loco?

Esta pregunta se suele acompañar por el ¿qué dirán?, ¿y si fallo?, o todo junto ¿qué dirán si fallo?

Así que, ¿estás loco? Sí. No lo estoy poniendo fácil, ¿verdad? Pero como Alicia en el País de las Maravillas le respondería al Sombrerero Loco cuando éste le pregunta si se ha vuelto loco:

“Temo que sí… Estás completamente loco. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.”

El secreto es dejar de atormentarse por ello. Mi familia piensa que estoy loca, muchos de mis amigos también y yo misma me lo planteo, hasta el punto de pensar si a lo mejor me lo debería hacer mirar en algún momento.

La familia, para mí es el talón de Aquiles en mis actos de rebeldía y locura. Hija única y con una estrecha relación con ellos, el qué pensarán y cuánto les hará sufrir mis decisiones es lo que más me pesa.

Los amigos, siempre me han apoyado y aunque no todos estén de acuerdo con mis decisiones, me respetan. Me dan su sincera opinión, que valoro muchísimo y tengo en cuenta tanto si es a mi favor como si es en contra. Si tus amigos se ríen de ti sin darte ninguna crítica constructiva, no eres tú el que te tienes que mirar tu grado de locura, pero sí deberías revisar bien tu lista de lo que se consideran amigos.

Lo que piense el resto del mundo, siempre me ha importado bien poco. Porque dentro de 200 años, yo y los que me conocieron estarán muertos y nadie recordará mi nombre. Suena duro, pero es cierto. A veces hay que coger un poco de perspectiva para no tomarse la vida tan en serio.

Salir de la zona de confort, ¿salto al vacío?

Sábado noche, hace unos cuántos años, en ese momento en que pasas de salir todos los fines de semana hasta las 5 de la mañana a preferir quedarte en casa jugando al Party con tus amigos. Mi amigo Juan formula una pregunta del juego: “María va subiendo las escaleras de un bloque de viviendas. De repente oye gritos procedentes de una de las casas. Se acerca y ve la puerta entreabierta. ¿Qué haría María?

a) Seguir su camino como si nada, en cosas privadas mejor no meterse

b) Llamar a la policía y esperar a cierta distancia

c) Entrar de golpe, dispuesta a enfrentarse a quien sea.”

Mis amigos al unísono respondieron “¡C! María, entraría de golpe, ¡por supuesto!”. La respuesta me dejó un poco helada. Contenta porque mis amigos me conocen a la perfección y en efecto, esa hubiera sido también mi respuesta, pero helada porque no tardaron ni un milisegundo en contestar. Es una opción valiente, pero también bastante temeraria o inconsciente. Ahora, con unos cuantos años más y con los teléfonos móviles más a mano que en mis años mozos, a lo mejor mientras entro a la casa, voy a la vez llamando a la policía…

De todas formas, este ejemplo es un buen reflejo de mi personalidad. Creo que soy valiente pero en ciertos aspectos podría interpretarse como algo temeraria o inconsciente.

Trabajo (o trabajaba) en Finanzas. Típico perfil de amante de la rutina, el orden y la minimización del riesgo. Salir de la zona de confort me da pánico, para cosas tan simples como ir a un sitio nuevo por primera vez, llamar por teléfono a alguien que no conozco, pedir cuarto y mitad de jamón de york en el súper…

Sin embargo, para tomar decisiones que pueden suponer un cambio radical en mi vida, soy mucho más resuelta. Puede parecer que tengo una gran facilidad para liarme la manta a la cabeza, o que no mido las consecuencias. Algo de locura y rebeldía va en los ingredientes de la receta como hemos discutido, pero nunca tomo decisiones totalmente irracionales. ¿Salto al vacío? No, hay que prepararse, coger la licencia de piloto y montarte en el avión con las instrucciones de cómo funciona bien claras, porque este avión, que es tu vida, sólo lo pilotas tú.

Mi experiencia

 

En mi caso, 3 situaciones extremas en las que decidí salir de la zona de confort, han marcado mi vida y me han llevado a donde estoy hoy.

Reino Unido

La primera, en 2007 cuando tenía 26 años. Como veis mis actos de rebeldía y locura no empezaron demasiado pronto en mi vida. ¡Nunca es tarde para empezar!

Por aquel entonces trabajaba como Contable en Madrid SnowZone, la pista de nieve cubierta del centro comercial Xanadú. Un año antes ya había estado a punto de dejarlo todo e irme 6 meses a estudiar inglés a Bristol. Sin embargo, conseguí una promoción interna del departamento de ventas (donde yo no me veía como comercial) a Finanzas. Bristol se quedó por el camino, pero mi interés por viajar al extranjero y aprender inglés siguió intacto.

Al verano siguiente, utilicé mis 2 semanas de vacaciones para aprender la aventura. No pudieron ser 6 meses, pero fueron 2 semanas muy bien aprovechadas, esta vez en Brighton.

Recuerdo lo asustada que estaba. Era mi primera vez viajando sola a un país extranjero en el que además no hablaban mi idioma. Llegué al aeropuerto de Gatwick con mi maleta de 20 Kg para 2 semanas (cómo he mejorado con el tema maletas desde entonces…). El taxista me estaba esperando. Lo tenía todo super organizado, bastantes nervios llevaba yo ya como para lidiar con imprevistos. Me monté en el taxi (no sin antes darle la vuelta entera porque me iba a subir por el lado del conductor) y empecé mi charla con el taxista. La conversación más larga que había tenido en inglés en mi vida. A medio camino el taxista me dijo: “Ah, ¡pero tú vienes más de vacaciones que a estudiar porque tu inglés es muy bueno ya!”. ¡Fue un subidón de moral! Desde aquel momento, me dije, María, tú puedes hacer esto. Todo va a salir bien.

Luego cuando llegué a la residencia y me vi allí sola, se me olvidó todo y me eché a llorar. ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué teniendo solo 2 semanas de vacaciones has decidido pasarlas sufriendo aquí donde hay playa pero hace frío, donde no conoces a nadie, donde además tendrás que estudiar?

Sin embargo, al día siguiente empezaron las clases de inglés, empecé a conocer gente de todo el mundo, empecé a salir con ellos y explorar la ciudad (y los pub). Cuando te encuentras rodeada de gente que ha ido con el mismo propósito que tú, que está igual de sola que tú y que quiere hacer las mismas cosas que tú, es muy fácil hacer amigos. Amigos súper variopintos, que en circunstancias normales no os hubierais conocido ni aun viviendo en el mismo edificio, pero eso es lo grande de viajar, es lo que abre la mente y el corazón.

Tuve uno de los mejores veranos de mi vida hasta entonces. Volví a Madrid triste por irme tan pronto, pero súper contenta conmigo misma. Volví con mucho mejor inglés y con lo que después se convirtió en una relación a distancia por más de 4 años. En invierno, me saqué el First Certificate in English de la Universidad de Cambridge. La relación a distancia acabó con los años como el rosario de la aurora, pero como dicen unas veces se gana y otras se aprende. En este caso, aunque en el momento de la separación no me lo pareció, ahora sé que con ello no solo aprendí sino que también gané.

Países Bajos

A principios de 2012, pensé que tenía la vida encarrilada. Un trabajo estable en Sega como Accountant & Controller Manager, una relación estable, ¡Incluso me había comprado un piso en Fuenlabrada! Todo iba más o menos como mandaba el guión. De repente, todo se fue al garete y es que unas veces eres tú la que sale de tu zona de confort y otras veces te empujan. Mi relación se rompió al querer avanzar y pedir cierto grado de compromiso. La empresa anunció que cerraba la filial en España y todos los empleados fuimos despedidos. El proceso duró varios meses y la comunicación entre la empresa y los empleados fue muy buena. Como mi jefa estaba embarazada y necesitaban a alguien que se quedara más tiempo para cerrar todos los flecos financieros sueltos, me propusieron quedarme 3 meses más.

Durante ese período empecé a buscar un nuevo trabajo. No de forma muy activa porque mi objetivo principal era dejar las cosas bien cerradas y luego tenía pensado cogerme unas merecidas vacaciones. Sin embargo, gracias al ex Director de Ventas de la compañía, conseguí una entrevista en Nikon en Ámsterdam, donde él tenía un contacto. Jamás me había planteado vivir en Holanda, de hecho, ni conocía Ámsterdam. Sin embargo, ¡no tenía nada que perder! Y el hecho de vivir en el extranjero siempre me había llamado la atención.

Para la primera entrevista en Ámsterdam, me llevé conmigo a mi amiga Yolanda y me fui el fin de semana de antes para conocer la ciudad un poco. A mi amiga le encantó la ciudad desde el primer momento. Yo, por el contrario, me encontraba en estado de shock. “No me veo viviendo aquí, no me veo viviendo aquí…”: era lo único que no paraba de repetir. Salir de la zona de confort no es fácil… Hasta que una mañana fuimos a Vondelpark (uno de los pulmones de la ciudad) e hicimos un improvisado picnic sentadas en el césped, no me relajé. “Aquí sí, esto es otra cosa”.

Los días pasaron y llegó el momento de cerrar la empresa. Literalmente fui la última persona en abandonar la oficina. El último día recogí mis cosas, cerré la puerta con llave y eché la llave al buzón. Mis amigos me esperaban para cenar para “celebrar” que me acababa de incorporar a la larga lista de desempleados del país. La celebración no duró mucho porque apenas llegué a casa de mi amiga, mi padre me llamó por teléfono para decirme que se habían producido lluvias torrenciales en Almería y se nos había inundado la casa que mis padres tienen allí y donde pasan la mayor parte del verano.

En vez de irme de vacaciones al Caribe, me fui a quitar barro a Almería. Allí estaba, pala en mano, con un mono de trabajo de mi padre, cuando me llamaron por teléfono. Era la Directora de Recursos Humanos de Nikon. Me dijo la frase típica de: “¿Te pillo en buen momento?”. A lo que sinceramente le contesté: “La verdad es que no, pero no va a mejorar en un futuro próximo…” Me ofrecieron un puesto de un año como Financial Controller para cubrir una baja de maternidad. A los pocos días, tuve que dejar a mis padres en el barro literalmente y empezar la locura de mudarme a otro país.

Fui 3 días a Ámsterdam en busca y captura de un apartamento. Ahí conocí a Maribel, el contacto de mi ex Director de Ventas, gracias a la cual había conseguido el trabajo. Maribel fue como una aparición divina. Me llevó a cenar, me aconsejó con los pisos… yo no daba crédito de que en este mundo pudiera haber una persona tan buena y desinteresada como ella.

A principios de Noviembre, llegué a Ámsterdam con 2 maletas, muchos sueños, muchos nervios y deseando empezar la aventura. Maribel fue de gran ayuda desde el principio e hizo que instalarme y adaptarme fuera mucho más fácil. Cuando te mudas a un país o una ciudad nueva, tienes que cambiar el chip. No sabes dónde está el supermercado, no sabes ni dónde se recicla el plástico, no sabes cómo ir de A a B… Todo lleva más tiempo del que estás acostumbrado. Tardé más de una semana en encontrar una fregona, pero cuando lo hice, ¡me supuso una alegría enorme! La felicidad a veces está en las pequeñas cosas.

Asia

A Holanda me fui por un año, pero al final me quedé más de 4. Vivir fuera engancha y la situación económica de España, no ha mejorado lo suficiente como para querer volver.

Vivir fuera es un reto constante. Con el tiempo, te adaptas a tu nuevo país, creas nuevas rutinas, haces amigos, ya sabes dónde comprar fregonas… Todo se hace más fácil. Sin embargo, hay cosas que el tiempo solo empeora: estás lejos de tu familia, estás lejos de tus amigos de toda la vida, … Tus padres se hacen mayores y ves cómo te echan de menos y cómo los echas de menos tú también. Intentas seguir en contacto con tus amigos, pero no es lo mismo, ellos siguen sus vidas como tú sigues la tuya y se casan y tienen hijos y los ves crecer por las fotos que te mandan a Whatsapp. Es duro. En mi caso, además, nunca llegué a adaptarme del todo. Después de 4 años sigo sin hablar holandés. En 4 años me mudé 4 veces de casa, lo que no proporciona mucha estabilidad y pese a que adoro la ciudad, nunca tuve claro que quisiera quedarme a vivir allí para siempre.

Ese desarraigo o sentimiento de no pertenencia a ninguna parte, es probablemente una de las causas por las que ahora mismo estoy en Asia.

Trabajé muy duro esos 4 años, sin apenas vacaciones. Durante ese tiempo, lidié con estratosféricos niveles de estrés. Superar lo de mi ex, me llevó bastante tiempo, recuperar la autoestima un poco más. Trabajé mucho en mí misma, pedí ayuda a mis amigos (cosa que odio profundamente, en parte por lo cabezota que soy) y finalmente recuperé mi estabilidad mental.

Una vez que me sentí fuerte, empecé a analizar qué otras cosas de mi vida debía de cambiar para ser feliz. Cambiar de trabajo, pese a los excelentes compañeros que tenía, lo bien valorada que estaba dentro de la empresa y lo que me gustaba mi trabajo en general, fue lo primero que apareció en mi lista.

Después estaba la ciudad, Ámsterdam es maravillosa, pero seguía sin sentir que encajara completamente allí.

El tercer aspecto fue que sabía que yo también tenía que cambiar. Cambiar de trabajo solamente no iba a solucionar nada si no cambiaba yo también.

Vivir fuera ya lo tenía tachado de mi lista. Viajar, no tanto. Cuando te vas a vivir fuera crees que vas a viajar mucho más, pero con vacaciones limitadas y morriña, gran parte de ellas las pasas visitando familia y amigos (sin rencor).

Tras pensarlo mucho y planificarlo aún más, me decidí a dar el paso. Dejé mi trabajo, dejé el piso de alquiler, empaqueté todas mis cosas y me las llevé a España y me vine a Asia.

Soy relativamente joven, no tengo cargas familiares, siempre había querido viajar y explorar diferentes países no solo por las 2 típicas semanas de vacaciones. Quería explorar, desconectar, relajarme, aprender nuevas cosas y culturas. ¿Salto al vacío? Puede parecerlo, pero lo medité mucho. Tenía el dinero y tenía las ganas, ¿qué es lo peor que me podría pasar? Me hice las mismas preguntas que al principio de este post: ¿estás loca? ¿eres una rebelde? Y cuando acepté que sí y que aun así quería hacerlo, me quedé más tranquila y me decidí.

Este ha sido el camino que yo he elegido, el tuyo puede ser diferente.

Salir de la zona de confort, un proceso continuo.

Salir de la zona de confort no debe ser tratado como algo puntual. Debe ser parte de tu forma de vida. Primero, porque cuando sales de la zona de confort es cuando las cosas buenas suceden: creces, evolucionas, eres más feliz, te equivocas, aprendes, … resumiendo vives plena y conscientemente. Segundo, porque cuanto más sales de la zona de confort, más fácil es seguir saliendo. Si lo haces sólo esporádicamente, el miedo a salir estará más presente. Salir de la zona de confort es como ir al gimnasio todos los días. Si no mantienes la rutina, dejarás de ir, pero si vas de forma continuada, te sentirás mejor contigo mismo y llevarás una vida más saludable.

¿Cómo salir de la zona de confort? 

1. Analiza qué no te gusta de tu vida. Empieza por cambiar lo que no funciona.

2. Piensa qué es lo que podría ir mejor. No hace falta sufrir una crisis existencial para mejorar.

3. Considera qué es lo que te gustaría hacer en la vida, ponte metas. Si tu vida va por un camino diferente al que te gustaría, estás a tiempo de realizar los cambios necesarios.

4. Encuentra tu pasión: practica ese deporte que dejaste cuando niño, ve a cantar al coro de la Iglesia, aprende un nuevo idioma, da clases de cómo tocar la bandurria… Lo que te apetezca. Haz algo sólo por el hecho de que te gusta hacerlo, no sólo porque es bueno para tu curriculum o porque es lo que todo el mundo hace.

5. Modifica pequeñas cosas: cambia de ruta o de transporte para ir al trabajo, habla con un desconocido en la parada del metro, compra otra marca de yogures en el supermercado, lee un libro que no sea de tu estilo, canta con las ventanillas del coche bajadas…

La vida está llena de oportunidades de cambio. A mí me ha dado por viajar, lo que puede parecer valiente y atrevido. Sin embargo, observo a aquellas de mis amigas que han decidido convertirse en mamás y me digo, ¡eso sí que es ser valiente y atrevido y salir de la zona de confort! Tener una personita que es tu total responsabilidad, no más hacer lo que te dé la gana sin tener que rendir cuentas con nadie, no llegar tarde de trabajar y simplemente despanzurrarte en el sofá… Todos mis más sinceros respetos y total admiración.

Recuerda, no hay camino malo, mientras seas tú el que lo hayas elegido de forma honesta contigo mismo.

Por tanto, ¿tú también estás loco? ¿Eres un rebelde? ¿Sigues teniendo dudas? Cuéntame tu experiencia…