Objetivo: Felicidad. ¿Se puede trabajar en ser más feliz y realmente conseguirlo? The Happiness Project.

La Felicidad es un concepto bastante subjetivo y cada uno de nosotros probablemente lo entienda de manera diferente. Lo que está claro para todos nosotros es que ser feliz es una de las principales metas de cualquier ser humano.

También sabemos que no siempre se puede estar feliz. Incluso, que ciertos momentos de infelicidad son necesarios para apreciar los momentos buenos de la vida. En este post voy a escribir sobre un par de libros, por lo que aprovecho para recomendar también éste: “Las tribulaciones de un chino en China” de Julio Verne. Obviamente, no es de los más populares del escritor, pero me llamó mucho la atención cuando lo leí siendo adolescente porque este punto es el argumento principal de la obra. ¿Se puede ser feliz si nunca se ha sido infeliz? Este problema no se nos plantea a la mayoría de los mortales y no es mi intención empezar a filosofar sobre el tema. Quiero ser práctica. ¿Podemos realmente trabajar en ser más felices? Nuestra actitud tendrá gran parte que ver. Tampoco podemos olvidar las circunstancias que nos rodean, pero, ¿podemos emprender acciones concretas que nos hagan cada día más felices?

Come, reza, ama

Come Reza Ama

Ahora que lo he dejado todo y estoy en Asia, haciendo yoga en la India, etc. puede parecer que estoy viviendo mi propia versión de ¨Come, reza, ama” de Elizabeth Gilbert. En su libro, la escritora tras su fracaso matrimonial, se va a vivir un año fuera de Estados Unidos a 3 países distintos: Italia, India e Indonesia, 4 meses en cada uno, por este orden. En Italia, se dedica a disfrutar de la comida y a estudiar italiano simplemente porque le apetece aprender, no porque le sea de ninguna utilidad. En India quiere encontrar a Dios y la paz interior. Por último, en Bali, quiere encontrar el equilibrio entre el placer que experimentó en Italia y la espiritualidad que encontró en India.

Lo cierto es que mi viaje empezó un tiempo atrás, sin salir de casa. Vivía en Ámsterdam en un piso bastante pequeño (como es habitual allí). Lo peor no era lo reducido del espacio, sino que tenía que compartir cocina y lavadora con otras 3 chicas. Lo de la cocina lo llevaba fatal. Estaba en una planta inferior y para llegar había que bajar por lo que yo llamaba “las escaleras de la muerte”. Mi amiga Arabella vino una vez a verme y en la semana que estuvo, no se atrevió a bajar una sola vez, se fue sin ver la cocina. Tampoco disponía de un horno en condiciones, con lo que a mí me gusta hacer magdalenas y galletas…

Mi oficina se encontraba en Ijsselstein, un pueblo al lado de Utrecht. Si no sabéis dónde se encuentra Ijsselstein, no os preocupéis, muchos de mis amigos holandeses tampoco lo sabían. Sin embargo, una vez salió en las noticias incluso en España, porque un chico en un intento de ser súper original en la forma de declararse a su novia, contrató una grúa con la que intentó desplazarse hasta la terraza de la chica, con tan mala suerte que la grúa no guardó bien el equilibro y su brazo acabó aplastando el tejado de un vecino. Sin comentarios. A lo que iba, en transporte público tardaba más de hora y media en llegar desde Ámsterdam. Eso si había suerte con el tren y el autobús, que raro era el día en que ambos funcionaban bien. Pasar más de una hora en transporte público es algo a lo que los madrileños estamos bastante acostumbrados, el problema era añadirle el número de horas que pasaba en la oficina. Entraba a las 8:30 de la mañana y no salía antes de las 9 de la noche, con solo media hora para comer. Mi vida se reducía a levantarme temprano, ir a trabajar, pasar mi vida en el trabajo, volver a casa, mirar las escaleras de la muerte, pensar que ni de coña me iba a poner a bajarlas y cocinar a esas horas, tomarme un vaso de leche con cereales, ducharme y meterme en la cama. Así día tras día. Los fines de semana estaba tan cansada que apenas salía de casa. Casi ni veía a mis amigos. Entras en la espiral de la rutina y estás tan cansado, que no ves la forma de salir de ahí. Sin embargo, llega un punto en el que sabes que tienes que cambiar aquí y ahora.

En ese momento de desesperación, decidí leer “Come, reza, ama” y empezó mi viaje:

  • Decidí pedir ayuda a mis amigos, intenté verlos más. Sabía que ese estado de aislamiento, no era bueno para mí.
  • Decidí pedir ayuda al universo. Me considero una persona creyente, pero a mí manera. Creo que hay algo más grande que tú y que yo y que este mundo, pero si mañana viene un científico con pruebas irrefutables de que Dios no existe, pues diré “vale, mala suerte…” pero estaré contenta de saber la verdad. Pese a ser creyente, nunca rezaba y tenía la idea que no me iba a poner a pedir nada a Dios, habiendo tanta gente en este mundo con problemas más serios que los míos, en guerras, muriéndose de hambre, etc. Tras leer el libro, cambié de opinión y volví a rezar otra vez. No sé si realmente ayudó en algo, pero seguro que ayudó con mi autoestima. Empecé a creer que, pese al hambre del mundo, yo también tenía derecho a ser feliz, a recibir ayuda, me sentí menos sola y poco a poco empecé a verle el sentido a la vida de nuevo.
  • Empecé a hacer yoga en serio. En Madrid había ido a yoga en gimnasios y también practicaba en casa con mi Nintendo Wii. Mi amiga Magda, me recomendó un estudio cerca de mi casa donde daban clases los sábados por la mañana, por lo que no me tenía que estresar en llegar entre semana desde Ijsselstein. Se lo comenté a mi amiga Maribel y ella, apoyándome como siempre, se animó a venir conmigo.
  • Intenté reducir las horas de trabajo.
  • Me apunté con Maribel a clases de danza del vientre. Era divertido, así veía y hacía algo con mi amiga y era entre semana, por lo que me obligaba a salir “temprano” de la oficina.

No lo hice todo de golpe, fue pasito a pasito. Poco a poco todo empezó a ir mejor y yo empecé a sentirme mejor conmigo misma.

En el trabajo también las cosas mejoraron. Contrataron a alguien para que me ayudara (aunque al año se fue) e incluso la oficina se mudó a Ámsterdam, con lo que gané 2 horas de tiempo libre al día. Al final incluso me mudé de casa, ¡a otra con horno!

Hice los deberes y cuando decidí irme a la India, puedo decir que ya era bastante feliz. ¿Qué pretendía conseguir con este viaje entonces? Esta es mi lista de propósitos para este viaje, sin ningún orden concreto:

  • Conseguir ser profesora de yoga: no sé si en el futuro me dedicaré a ello ni siquiera de forma parcial, pero como Elizabeth Gilbert con el italiano, quería hacerlo solo por el puro placer de aprender algo que me apasiona.
  • Salir de mi zona de confort: durante el viaje esto está siendo una constante, pero por poner un ejemplo visitar Delhi lo consideraría una experiencia totalmente fuera de mi zona de confort
  • Asumir retos, sobrepasar mis límites: por ejemplo, en India hice paragliding. ¡Y muchas más aventuras me esperan!
  • Enseñar algo: hacer trabajo de voluntariado. Quería que este viaje fuera no solo de recibir, sino también de dar. Egoístamente, también se es más feliz dando que recibiendo.
  • Disfrutar la vida
  • Reducir el estrés
  • Descansar
  • Conocerme a mí misma, aceptarme a mí misma, quererme más
  • Conocer gente nueva, nuevas culturas
  • Aprender algo nuevo: cómo llevar un blog, un nuevo idioma, algo que me sirva laboralmente para el futuro…
  • Mantenerme en forma
  • Seguir en contacto con la familia y los amigos pese a la distancia
  • Leer
  • Prepararme para volver

Es en este último punto: prepararme para volver, donde entra en juego el siguiente libro.

The Happiness Project. Objetivo: Felicidad.

The Happiness Project book

Desde antes de abandonar Los Países Bajos, tenía claro que durante mi viaje tendría que trabajar en mí misma no solo porque cuando te vas a algún sitio los problemas te los llevas contigo, sino porque en algún momento tendría que volver. Ahora estoy muy feliz, viendo el mundo, sin estrés, etc. pero en el momento en el que vuelva, todas las circunstancias que tenía antes y que me generaban estrés e infelicidad, volverán, con el agravante de estar meses “fuera de circulación” y que tendré otros “problemas” nuevos como buscar un trabajo o encontrar una casa.

En general, no me gustan los libros de autoayuda, pero llevaba un tiempo siguiendo a la autora de este, Gretchen Rubin, en Linkedin y leyendo muchos de sus artículos. Cómo estoy cumpliendo uno de mis propósitos para este viaje: leer, de forma ejemplar, decidí darle una oportunidad a este libro “The Happiness Project” o su título en castellano, “Objetivo: Felicidad”.

Gretchen Rubin, narra en primera persona su proyecto para ser más feliz, de forma simple y clara, desde su propia experiencia y no perdiéndose en conceptos metafísicos o filosóficos que luego no sabes cómo aplicar a tu vida real. La autora además es una persona bastante “normal”, casada, con 2 hijas, sin estar experimentando una crisis existencial. Simplemente, un buen día que iba en el autobús, se planteó si realmente era todo lo feliz que debía ser y qué podía hacer para ser más feliz con su día a día. Algo normal, sin tenerse que ir a la otra punta del mundo para conseguirlo. Esto fue lo que me enganchó, sé que este viaje ha sido lo correcto para mí y no me arrepiento en ningún momento. Sin embargo, sé que dejarlo todo y viajar por meses, no puede ser la solución cada vez que se me tuerza algo. Tengo que aprender a ser más feliz con las cosas del día al día, o, mejor dicho, tengo que hacer que las cosas que hago día a día, me hagan más feliz.

La autora, al principio del libro, hace un test para medir cuán feliz del 1 al 5 es. Yo como no podía ser menos, he hecho el mismo test (entre otras cosas porque debo tener un trauma con la SuperPop desde que era una adolescente y me encanta hacer test). El test se llama “Authentic Happiness Inventory Questionnaire” de la Universidad Penn en Pennsylvania. Si os pica la curiosidad y queréis hacerlo también (yo lo hice en inglés, pero creo que se puede elegir el idioma) aquí tenéis el link:

www.authentichappiness.sas.upenn.edu/testcenter

Obtuve un 3.92 sobre 5. ¡No me puedo quejar! Soy bastante feliz ya.

El punto de partida que Gretchen Rubin nos propone es el siguiente:

Para ser feliz, necesitamos considerar qué es lo que nos hace sentir bien, qué nos hace sentir mal y qué nos hace sentir que estamos haciendo lo correcto, en una atmósfera de crecimiento.

Al contestar estas preguntas, veremos qué tipos de cambios o en qué áreas tenemos que trabajar. Una vez hecho esto, tenemos que identificar resoluciones o propósitos específicos y medibles, para poder ir evaluando si vamos progresando o no. Los propósitos deben ser concretos, no abstractos. Por ejemplo, en vez de decir “llevar una vida más saludable”, podríamos decir “montar en bicicleta 30 minutos al día”.

Me gusta el concepto de resoluciones o propósitos. La autora explica que si lo que nos proponemos son metas, ¿qué pasa cuando las cumplimos? ¿Se acabó? ¿Ya lo tenemos todo hecho? Por ejemplo, si nos ponemos como meta, correr un maratón, ¿qué pasa cuando lo conseguimos? ¿Dejamos de correr? ¿Nos ponemos una nueva meta? Sin embargo, las resoluciones o propósitos, no tienen fin, deben ser mantenidas a lo largo del tiempo. ¡Es que no nos podemos descuidar ni a la hora de ser felices! Todo conlleva un esfuerzo.

Yo ya estoy trabajando en mi lista de Resoluciones para cuando vuelva. Hay que tener en cuenta que no se puede atacar todo a la vez. Ella dividió sus propósitos en 12 meses, de forma que en Enero solo hacía los propósitos de Enero, en Febrero haría los de Enero más los de Febrero, hasta que en Diciembre haría los de todo el año.

Mi lista por ahora es solo un borrador. Durante estos meses la iré definiendo mejor, añadiendo acciones más específicas, a lo mejor quitando cosas y añadiendo otras, agrupando cosas similares… pero, por ahora, luce así:

  • Tener un proyecto diferente cada mes (escribir, pintar…)
  • Aprender a hacer repostería
  • Aprender a tocar un instrumento o ir a lecciones de canto
  • Hacer trabajo de voluntario de forma continua
  • Practicar yoga todos los días
  • Mantener el blog “vivo”
  • Aprender un idioma nuevo
  • Bailar y cantar más
  • Seguir en contacto con la familia y amigos
  • Visitar a la familia de Córdoba más a menudo
  • Seguir viajando
  • Trabajar para vivir, no vivir para trabajar
  • Encontrar un trabajo que me apasione y en una empresa cuyos valores sean parecidos a los míos
  • Estar presente
  • Encontrar una casa con un horno en condiciones y utilizarlo
  • Desayunar en casa todos los días
  • Darme un lujo (sano y no caro) de vez en cuando (comprar felicidad): comprarme flores, ir a darme un masaje…

¡Creo que mi proyecto me llevará más de un año! Pero no importa, me hace mucha ilusión. Sólo el hecho de comenzar esta lista, me quita un poco el estrés, de qué pasará cuando vuelva, qué voy a hacer… Tengo el principio de un plan e iré trabajando en ello durante esta travesía.

No os quiero destripar más el libro, pero os recomiendo su lectura, si tenéis curiosidad como yo en tratar de ser más felices.

También podéis visitar la web de Gretchen Rubin: www.gretchenrubin.com. En ella encontraréis un montón de material sobre el libro, sobre otros que ha escrito posteriormente e incluso publica podcasts semanales junto con su hermana sobre la felicidad. También le podéis encontrar en Facebook, Linkedin y Tweeter.

¿Os animáis a intentarlo? ¿Cuál sería vuestra lista? ¿Tenéis otra técnica que queráis comentar? Con proyectos como este o sin ellos, ¡sed muy felices!

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